La crisis en Malí expulsa a 300.000 personas en busca de alimentos

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Miles de personas que huyen del conflicto en el norte de Malí se han desplazado a otras zonas del interior o a países limítrofes como Mauritania, Níger, Burkina Faso o Argelia.

Acción contra el Hambre (ACF) tiene previsto iniciar proyectos de ayuda alimentaria y acceso al agua en Tillia y Ayorou, en el norte de Níger, y en el campo de refugiados de M’ Bera, en Mauritania.

La mitad de los 20 millones de habitantes del Sahel vive con un euro al día. Si no se actúa a tiempo, un millón de niños corre peligro de morir de hambre.

La crisis alimentaria en el Sahel se está viendo agravada por el conflicto de Malí. Con apenas reservas de comida, más de 300.000 personas han salido huyendo de la violencia del norte de Malí en busca de zonas más seguras y de alimentos. Más de 150.000 personas están buscando cómo subsistir en otras partes del país y otros 160.000 malienses más se han refugiado, cruzando la frontera a pie o en carreta, en Estados limítrofes como Níger, Burkina Faso, Mauritania y Argelia, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA). La cifra, además, ha ido en aumento en los últimos meses. A principios de marzo, el número de personas que habían huido del conflicto se elevaba a 75.000; en la actualidad esa cifra ya se ha multiplicado por cuatro.

“El drama de los refugiados de Malí está empeorando aún más la situación alimentaria en el Sahel. Estamos viviendo una crisis sobre crisis”, alerta Rafael de Prado, responsable geográfico de Acción contra el Hambre para África.

Níger y Mauritania, países de “acogida”

Acción contra el Hambre ya ha analizado las necesidades de los refugiados del norte de Níger, donde están llegando unas 2.000 personas por semana, y los que han alcanzado Mauritania. En ambos países, la solidaridad de las familias de la zona con los afectados ha paliado el drama, pero la situación empieza a ser insostenible porque sus reservas de alimentos también se están agotando.

En Mauritania unos 62.000 refugiados están acogidos en el campo de M’ Bera, donde Acción contra el Hambre tiene previstos varios programas de actuación. “El tratamiento de la desnutrición esta siendo insuficiente, la solidaridad entre las familias ha evitado una catástrofe pero aún queda muchísimo por hacer”, advierte William Ducfourq, jefe de emergencias de ACF-Francia en Mauritania. “Los refugiados no tienen acceso además ni a carne ni la leche, dos elementos esenciales en su dieta”, agrega Ducfourq. La organización también formará a agentes locales en la detección de la desnutrición en menores de cinco años y en analizar a los refugiados recién llegados. Además, Acción contra el Hambre tiene prevista la construcción de varios centros de tratamiento para la desnutrición aguda moderada y la distribución de productos nutricionales suplementarios para los niños menores de cinco años.

En Níger, en el campo de refugiados de Tillia (11.660 personas) la organización prepara la mejora del acceso al agua y al saneamiento: la construcción de duchas y letrinas, la promoción de la higiene para la prevención de diarreas… Como en Mauritania, Acción contra el Hambre también repartirá productos nutricionales suplementarios para los menores de cinco años y transferencias monetarias para las familias más vulnerables. La organización también actúa en el campo nigerino de Ayorou para mejorar sobre todo la falta de infraestructuras sanitarias, que están provocando entre los refugiados enfermedades en la piel y fuertes diarreas.

La crisis alimentaria se extiende por todo el Sahel, afectando ya a 18,5 millones de personas. Un millón de niños podrían morir de hambre si no se actúa a tiempo. El Gobierno de Malí, además, reconoce que ya hay 1,76 millones de afectados en el país que como mínimo requerirán asistencia hasta julio. Naciones Unidas ha advertido recientemente que si no se toman medidas urgentes la situación para los próximos meses será crítica.

Además de la asistencia a los refugiados malienses, Acción contra el Hambre ha retomado el control de los programas de nutrición en el hospital de Gao, en el norte de Malí. Cada vez más gente en Gao ha tenido que reducir sus comidas o no ha tenido nada de comer en uno o dos días.