Internacional- Médicos Sin Fronteras subraya la situación de desamparo de los desplazados internos en conflictos como Colombia y Sudán

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Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), en todo el mundo existen unos 9,2 millones de refugiados y 25 millones de desplazados internos en más de 40 países (la mitad de ellos en África), poblaciones olvidadas que han abandonado sus hogares huyendo de la persecución o la violencia generadas por conflictos o por situaciones de tensión política y económica. Las emergencias relacionadas con el desplazamiento de poblaciones se encuentran entre las más olvidadas del mundo, a pesar de la enormidad de las cifras: casi un millón de personas viven en campos de refugiados en Pakistán, otras 600.00 en Tanzania, 260.000 en Chad, y en cuanto a los desplazados, se cuentan 3 millones de personas en Colombia, 2 millones en Darfur… Estas poblaciones malviven de la ayuda externa, acosadas por las enfermedades, la violencia diaria y el temor a ser reasentados por la fuerza, en un “limbo” humanitario a menudo ignorado por la comunidad internacional en el que regresar a sus lugares de origen no es una opción.

Los desplazados internos, aquellos que no han cruzado ninguna frontera internacional, se encuentran si cabe en una situación de desprotección aún mayor, ya que jurídicamente no fueron incluidos en el régimen legal e institucional internacional creado hace cincuenta años para los refugiados. Este hecho adquiere más gravedad al comprobar que, en la actualidad, la gran mayoría de los conflictos son internos, y los desplazamientos forzados de poblaciones se han convertido en una táctica más de guerra. Tal y como se define actualmente el marco legal, la protección de los desplazados recae en los Estados en los que estos se encuentran, toda una paradoja teniendo en cuenta que estos mismos Estados son a menudo los causantes de la crisis, o se ven incapacitados para afrontarla. «Los refugiados han dejado de interesar a la comunidad internacional y hasta los países donantes destinan sus fondos a la financiación de proyectos en el interior de los países donde se produce el conflicto. Estas políticas de contención en el interior de un país en conflicto impiden que las víctimas de guerra puedan acceder al derecho más básico que tiene toda persona que huye del terror a la violencia, el de poder cruzar una frontera, refugiarse y buscar protección en países más seguros”, afirma Rafa Vilasanjuán, director general de Médicos Sin Fronteras España.

En cuanto a la situación en los campos de refugiados y desplazados, en las primeras semanas de la emergencia las tasas de mortalidad pueden ser hasta sesenta veces superiores a la media de la región. El caso de los desplazados de Darfur (Sudán) es paradigmático: en Korma, por ejemplo, donde los desplazados vivían al raso el año pasado, una encuesta de MSF determinó que la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años llegaba a 2,2 por 10.000 personas y por día, y a 1,3/10.000 la tasa general . Las causas de esta mortalidad son esencialmente enfermedades comunes que se pueden prevenir o tratar fácilmente. Muchas de ellas se derivan de la escasez de agua potable. En Zalingei (de nuevo en Darfur), al comienzo de la emergencia los desplazados sólo disponían de entre 5 y 8 litros de agua al día, cuando el suministro mínimo en situación de emergencia debe ser de entre 15 y 20 litros.