
Kenia, el país africano que la mayoría de europeos conoce, sobre todo, por su hermosa naturaleza que le ha permitido desarrollar una creciente industria turística, tiene aproximadamente 37 millones de habitantes de los que más de la mitad viven bajo el umbral de la pobreza. El país lucha por construir un sistema de salud que permita a su población el acceso a servicios básicos de calidad y afronta, además, una difícil crisis de refugiados en algunas de sus fronteras que lo hacen prácticamente inviable sin ayuda externa.
Según la Organización Mundial de la Salud, la esperanza de vida “saludable” de la población de Kenia, hoy, es de 48 años (en 2008 era de 68). Las cifras de salud materno infantil son también dramáticas: 121 niños de cada 1000 nacidos vivos mueren al nacer y 8.000 mujeres mueren al año por complicaciones derivadas del parto o por problemas “prevenibles” como hemorragias, obstrucciones y por falta de transporte para llevarlas a las instalaciones sanitarias.
La mayoría de mujeres que dan a luz sin atención y sin instalaciones especializadas lo hacen por desconocimiento de los riesgos de hacerlo fuera de un hospital, por motivos económicos, de transporte hasta los centros de salud en muchas zonas remotas del país o el mal estado de las carreteras.
A pesar de los esfuerzos del gobierno por mejorar el sistema sanitario de Kenia y que todos sus ciudadanos tengan acceso económico y geográfico en el sistema de salud “formal”, falla la voluntad política y una estructura adecuada de financiación pública. La mitad de la población vive con menos de 2 dólares al día y trabaja en la economía “informal”, por lo que asumen la mayor carga de los costes sanitarios de su bolsillo. Asimismo, es necesario aumentar la cobertura del sistema público, que es de 50 a 200 km, por centro hospitalario, lo que convierte en prácticamente inexistente la disponibilidad de recursos sanitarios para muchas personas realmente enfermas.
Los efectos de la crisis de refugiados en el Noreste de Kenia
A esta problemática general del país se suma la crisis de refugiados que Kenia sufre desde los años 80, sobre todo la provincia Noreste. En esta provincia con solo 16.1 camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes, presenta la tasa más baja de utilización de los servicios sanitarios, sólo 63,4% pues el 80% de la población son comunidades nómadas de pastores somalíes, que con frecuencia se asientan en estas regiones. Estas comunidades son las más empobrecidas y marginales de la región y el éxodo se ha incrementado en las ultimas dos décadas.
El Gobierno de Kenia, tras suscribir la “Convención sobre Refugiados de 1951″ ratificada en 1969, se ha convertido desde finales de los 80 en el primer país de acogida de refugiados procedentes de otros países de África oriental.
En 1992, el grave conflicto en Somalia provocó una afluencia masiva de refugiados que llegó a cerca de 400.000 agrupados en el campamento de Dadaab construido en 1991 con capacidad para 90.000 personas. Esta ciudad de la Provincia Noreste, alberga ya tres campos de refugiados: IFO, Hagadera y Dagahaley, sobre todo de población somalí, a causa de su proximidad a Somalia (a penas 80 kilómetros).
En la actualidad, Dadaab es el mayor campamento de refugiados en el mundo, con una población estimada de 550.000 personas y previsiones de seguir aumentando si no se acaba el conflicto en Somalia. Los problemas en Dadaab son enormes, incluyendo extremas tasas de hacinamiento y la falta de recursos sociales básicos.
En el Cuerno de África, una región con recursos escasos, son cada vez más frecuentes los episodios de sequía y hambrunas interrumpidos por periodos de recuperación tan breves que han agotado la capacidad de las comunidades para afrontarlos, especialmente los refugiados que viajan largas distancias dejando atrás todos sus medios de vida y necesitan ayuda para recomenzar.
El círculo vicioso de hambre, deficiente salud y pobreza, implica que se dediquen menos recursos a la atención de la salud de estas poblaciones justo cuando sus necesidades aumentan como resultado de una precaria alimentación. La falta de servicios de agua, saneamiento e higiene aumenta el riesgo de enfermedades transmisibles como el cólera, la fiebre tifoidea, la diarrea, las infecciones respiratorias agudas y el sarampión.
Además, los efectos de la sequía se agravan por la debilidad de los sistemas de salud, con limitados recursos humanos, suministros médicos y cobertura de vacunación insuficiente. En el primer semestre de 2011, al menos tres niños somalíes murieron cada día por desnutrición.
HESED AFRICA y Farmamundi, trabajo conjunto
Farmamundi trabaja desde hace varios años con la ONG HESED AFRICA en colaboración con el Ministerio de Salud Pública y Servicios de Saneamiento en el Distrito de Dadaab y Fafi. Proporcionamos servicios curativos, preventivos y de educación para la Salud Pública en intervenciones de emergencia con refugiados somalíes que llegan a las inmediaciones del campo y ya no son admitidos por falta de capacidad gestionando varios campamentos de socorro médico en los distritos de Garissa County; Dadaab y Fafi.
En 2011, más de 11.237 personas fueron atendidas y el 50% de los hogares de los distritos de Fafi y Dadaab recibieron alimentos y otros artículos básicos. Para ello, ha sido fundamental la experiencia de HESED en el manejo de situaciones de emergencia con un equipo preparado y una buena red de trabajo que colabora con el Ministerio de Salud para optimizar la respuesta en la crisis.
Las principales intervenciones en salud han sido el tratamiento de afecciones agudas, el sarampión, las enfermedades diarreicas, la malaria y otras infecciones prevalentes en los campamentos proporcionando alimentos a los grupos más vulnerables como los menores de 5 años, madres gestantes y ancianos. La ayuda incluye artículos no alimentarios, como mantas, colchones y materiales para construir los refugios pues estos elementos son importantes en la atención sanitaria preventiva, por ejemplo, la protección frente al frío previene la exposición al riesgo de neumonía, así como jabón para prevenir infecciones transmitidas por el agua.
En estos momentos, según las agencias internacionales se prevé que la situación empeore a causa de la sequía y la hambruna, la guerra en Somalia y la separación de Sudan en dos estados, Norte y Sur, provocando un nuevo éxodo en Kenia a un ritmo de 500 a 1500 personas al día.
Sin servicios sociales básicos disponibles, agua potable y alimentación adecuada aumentará el riesgo de brotes de enfermedades, pérdida de los medios de subsistencia, aumento de la violencia de género y de conflictos por la escasez de recursos (peleas entre los “clanes comunitarios” por el acceso a los puntos de suministro de agua).
Por todo, ello nos parece imprescindible mantener el apoyo internacional a esta región y no dejar en el olvido a esta población tan vulnerable, porque la verdadera crisis mundial está aquí.
Eunice A. Ngwawe
hesedafrica@gmail.com
Responsable de proyectos de HESED Africa, ONG socia de Farmamundi en Kenia
Nairobi, mayo 2012





















