En los países donde la organización está presente, la violación de los derechos de las mujeres forma parte de la vida cotidiana de todas ellas: no tienen acceso y control de los recursos, servicios y oportunidades en condiciones de igualdad; sufren peores condiciones de trabajo, tienen dificultades para ejercer su derecho a la salud, no disfrutan de plena autonomía en la toma de decisiones relativas a sus propias vidas, sufren discriminación y violencia… Además, el70% de las personas que viven en la pobreza son mujeres, lo que ha dado lugar a conceptos como la “feminización de la pobreza”. Las cifras desvelan que de las 1.300 millones de personas que viven en pobreza extrema, 910 millones son mujeres.
En pleno siglo XXI, no existe ningún país en el mundo en el que mujeres y hombres disfruten de los mismos derechos y oportunidades. Las mujeres de los países empobrecidos, a pesar de producir el 70% de los alimentos, no poseen ni el 2% de la tierra cultivable. Ser pobre, ser niña o vivir en una zona en conflicto aumenta además la probabilidad de no acceder a la educación.
Además, los matrimonios y embarazos precoces siguen siendo estigmas femeninos que impiden a muchas niñas y mujeres estudiar o acceder al mundo laboral. Más de 60 millones de niñas son forzadas a matrimonios tempranos o a vivir en pareja antes de cumplir los 18 años; cada minuto, una mujer muere en el mundo por complicaciones durante el embarazo o parto que podían haberse evitado; y 350 millones de mujeres no tienen acceso a servicios de planificación familiar.
Ayuda en Acción cree en la igualdad entre mujeres y hombres como derecho y como medio indispensable para mejorar los resultados en la lucha contra la pobreza. Para conseguir esta igualdad, es fundamental visibilizar los obstáculos sociales, económicos y culturales a los que millones de mujeres se enfrentan diariamente.
Llevamos más de 30 años contribuyendo a hacer visibles a muchas mujeres a través de sus historias, mujeres invisibles para la mayoría de las personas y que tienen que superar día a día enormes obstáculos para ejercer sus derechos.Mujeres Invisibles pretende que puedan disfrutar de plena autonomía en la toma de decisiones relativas a sus propias vidas y dar a conocer la historia de superación de mujeres como Ibeth, Tomasa, Marka, Melvi, Sabina, María o Yoni. Mujeres luchadoras que son referentes en sus comunidades. Que alzan la voz y pasan de la invisibilidad a ser #mujeresvisibles.
Mujeres invisibles que se convirtieron en visibles: cuatro historias de superación
YONI HINOJOSA (Perú, 45 años)
Es la primera mujer alcaldesa de Chacán, un municipio rural peruano de 5000 habitantes. Desde que llegó al poder hace tres años, su principal objetivo ha sido defender los derechos de la mujer y acabar con su invisibilidad. En la actualidad, más de un centenar de mujeres de Chacán participan en proyectos de hospedaje para turistas y una asociación de artesanas, en los que a través de formaciones aprenden a generar sus propios ingresos y a superar las barreras del machismo.
SHIRLEY PLATA (Bolivia, 33 años)
Shirley es abogada y experta en género de Nor Sud, una de nuestras organizaciones socias en Bolivia. Su experiencia nos permite conocer la situación de la mujer en el área rural boliviana, donde se mantiene la cultura del hombre machista, que manda y tiene poder aunque la normalización de la violencia de género está cambiando y han aumentado el número de denuncias por maltrato. Las mujeres empiezan a empoderarse de sus derechos.
MARÍA AITE HINOJOSA (Perú, 40 años)
María vive en Chacán, un pequeño municipio inmerso en la sierra peruana, a 45 kilómetros de Cusco. Llegó aquí hace más de veinte años huyendo de su propia historia. Un padre alcohólico que maltrataba a su esposa, y también a sus hijos cuando intentaban ayudarla. Una madre que a los 32 años decidió suicidarse para dejar de sufrir. Y una hija, ella, que a los once años tuvo que hacerse cargo de cuatro hermanos más pequeños, con las continuas ausencias del padre.
ASOCIACIÓN DE MUJERES PRODUCTORAS DE MUYUPAMPA (Bolivia)
Un grupo de mujeres apicultoras se ha unido para crear la asociación de mujeres productoras de Muyupampa (AMPROM) en Bolivia. Tienen cada una su apiario en casa y periódicamente se reúnen en el centro de transformación para convertir la miel en 20 tipos de productos diferentes que les permiten autonomía económica. A Luciana, Ibeth y Cilda, trabajar no sólo les ha permitido ser económicamente independientes, sino ganar en autoestima y en reconocimiento social, además de sacar adelante a sus hijos y costear su educación.
























