Crímenes contra el planeta, el brillante libro del reputado periodista Ross Gelbspan, analiza y explica, con una aplastante claridad, las irrefutables pruebas que demuestran el hecho irreversible del calentamiento global y cómo importantes emporios han tratado de ocultar el problema y disfrazarlo de simples alteraciones del clima.
El autor, uno de los periodistas especializados en medio ambiente más prestigioso de Estados Unidos y ganador de un Premio Pulitzer, denuncia a lo largo de las páginas de este libro una campaña de desinformación orquestada por algunos gobiernos y sobre todo por los lobby de los combustibles fósiles para convencer, y confundir, a los políticos, la prensa y el gran público de que el problema del cambio climático está rodeado de incertidumbre científica. Para Gelbspan, la actitud de las industrias del petróleo y del carbón, a pesar de las racionalizaciones de su economía, vienen a ser un desmedido crimen contra la humanidad.
Crímenes contra el planeta, un libro especialmente crítico con el gobierno de George Bush, señala que el cambio climático es el problema más serio al que la humanidad se enfrenta actualmente, incluso más grave que el de la amenaza del terrorismo. Sin embargo, la estrategia de Bush se basa en gran medida en incentivos comerciales y en la acción voluntaria Pero el mercado no puede decidir si las reducciones son necesarias y tampoco puede establecer el marco internacional en el que todos los actores pueden ocupar su lugar.
Tampoco los grandes grupos de comunicación escapan a la crítica de Gelbspan, así asegura que la incesante manipulación de los datos que manejan los periodistas a menudo atenúa el carácter urgente, preciso y significativo de la cobertura del tema del calentamiento global. Puesto que el gran público obtiene la mayor parte de su conocimiento científico de los grandes medios de comunicación, las contradicciones entre el discurso científico y el discurso popular son responsables del hecho de que todavía no se hayan tomado medidas internacionales coordinadas para poner freno a las prácticas que contribuyen al calentamiento global.
Este premio Pulitzer afirma en el libro que para frenar el cambio climático es necesario que se reduzca en un 70 por ciento el consumo de combustibles fósiles, y para ello no basta con que se pongan en práctica ciertas adaptaciones ecológicas como el empleo de bombillas de bajo consumo o el uso compartido de coches. Sin embargo, reconoce que las industrias del carbón y del petróleo en los Estados Unidos han saboteado cada intento de cambiar este letal régimen de consumo energético, con el fin de preservar los beneficios a corto plazo de sus empresas.
Como explica este premio Pulitzer, el mundo necesita una transición rápida y global hacia las fuentes de energía limpias y sostenibles. Sin esta revolución, las condiciones de vida de la gente alrededor del mundo continuarán deteriorándose mientras experimentamos huracanes, sequías, inundaciones, subidas del nivel del mar y la difusión de enfermedades como el asma, la malaria y el virus del Nilo Occidental.
En este sentido, Gelbspan aboga por articular una visión positiva de una revolución internacional sobre energía limpia ya que, en su opinión, creará millones de puestos de trabajo en todo el mundo, incrementará la riqueza general y la equidad de la economía global y proporcionará una plataforma para unir a los países del mundo en torno a un proyecto global común.
Fuente: Barrabés Editorial
























