Acción contra el Hambre quiere llamar la atención sobre el peligro que corre la población de la región de Dar Sila con el fin de evitar una catástrofe humana de mayor magnitud.
Una encuesta reciente realizada por Acción contra el Hambre entre 20.000 personas en la zona de Dogdoré, en el sudeste del país, constata la pérdida generalizada de cosechas debido a la violencia recurrente y a los ataques contra la población civil. Unas 120.000 personas se han visto obligadas a desplazarse y refugiarse en las poblaciones cercanas. Sus condiciones de vida son desastrosas y la ayuda internacional sólo puede proporcionar seguridad a corto plazo.
Desde hace más de un año, las tensiones y los enfrentamientos entre rebeldes chadianos y el ejército del gobierno así como las incursiones procedentes de Darfur han provocado un estallido de la violencia contra la población civil. A esto se suman las tradicionales tensiones existentes entre la población pastoral y la agropastoral. Cerca de 120.000 personas han tenido que huir de sus pueblos, a menudo saboteados y quemados. Lo han perdido todo. Desde el pasado mes de septiembre, al término de la época de lluvias, una nueva escalada de violencia está asestando la región. Esta situación está afectando también al vecino Darfur, donde la población hace estragos desde hace cuatro años. El conflicto que sufre Darfur ha contaminado ya al este de Chad.
Extrema precariedad alimentaria
Acción contra el Hambre acaba de realizar una encuesta para determinar la situación de la seguridad alimentaria en la zona de Dogdoré, donde se estima que viven 20.000 desplazados. Los resultados son preocupantes. Caroline Broudic, experta en seguridad alimentaria, describe así la situación: Los desplazados de la zona de Dogdoré han perdido toda o gran parte de su producción agrícola. No tienen acceso a sus campos y no pueden volver porque tienen miedo a futuros ataques. Apenas tienen otra alternativa ni medios para sobrevivir.
La situación ha llegado a un punto en el que los desplazados sólo toman un plato al día, frente a las tres comidas que hacen habitualmente. Caroline señala que la situación nutricional todavía no es dramática pero el mínimo cambio puede hacer bascular la situación hacia una crisis nutricional. El acceso a la comida, al agua y a la higiene es limitado.
Recursos insuficientes para todos
En los pueblos que acogen a estos refugiados, el acceso a las tierras cultivables es complicado. En primer lugar, la zona carece de tierras fértiles para tal afluencia de población. Además, estas tierras se alquilan a unos precios a menudo desorbitados para los que han perdido todos sus recursos. En la estación seca actual, la principal actividad de los desplazados se limita a la búsqueda de leña y paja y a su venta en los mercados locales. Desgraciadamente este recurso disminuye con rapidez y la competencia de la población local es muy fuerte, a lo que se añade la presión que provoca la constante variación de los precios.
Una inseguridad permanente
La simple búsqueda de madera y de paja se convierte en una tarea peligrosa para los refugiados hombres y mujeres que salen de los campos. Pero además, los robos de ganado son habituales y las mujeres que trabajan la tierra sufren además agresiones físicas por parte de los hombres. Esta inseguridad tiene un impacto directo en las condiciones de vida de los desplazados, tanto dentro como fuera de los campos de refugiados.
Fuente: Ri-Solidaria
























