Crisis alimentaria en Sahel. “El conflicto entre tuaregs y ejército puede aumentar la desnutrición”

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“En esta crisis anunciada hay una diferencia muy importante respecto a las de 2010 y 2005: el clima de inestabilidad política y social y la presencia de grupos armados es un factor agravante que, sumado a los climatológicos y los económicos, hacen temer lo peor para la primavera”, aseguró esta mañana en un encuentro con medios de comunicación el Director General de Acción contra el Hambre, Olivier Longué. “Violencia y falta de alimentos son un cóctel explosivo. No olvidemos que el fin del conflicto libio ha dejado a muchos subsaharianos armados en la región y hagamos también memoria histórica: no es una casualidad que las dos rebeliones tuaregs de los últimos años se hayan producido justo después de sendas sequías (1973 y 1986)”, sugiría Longué.

Entre la fase 3 (crisis alimentaria aguda) y la fase 4 (emergencia humanitaria)

Por su parte el Responsable Geográfico para África de Acción contra el Hambre: Rafael de Prado, explicaba a los periodistas que “en estos momentos estamos, según los criterios internacionales, en una fase 3, o de crisis alimentaria aguda. Algunas poblaciones, precisamente en las zonas afectadas por la rebelión tuareg del norte del Malí o por los últimos episodios de violencia en Nigeria, pueden entrar muy pronto oficialmente en fase 4, de emergencia humanitaria si la situación de desplazados y refugiados continúa agravándose”. La fase posterior, la 5, sería la de hambruna (gran parte de la población muy por debajo de menos de 2.100 kcal por persona al día, más de 2 muertes diarias por cada 10.000 habitantes, menos de 4 litros diarios de agua por persona, más del 30% de población en desnutrición aguda…).

La crisis económica española llega al sur del Sáhara

“Nuestra crisis – explicó Longué – también afectará al Sahel: las remesas que llegan a África Subsahariana han disminuido drásticamente, la paridad del franco CFA con el euro hace a estos países más vulnerables a la debilidad de la moneda europea (el mercado internacional de alimentos y combustibles cotiza en dólares) y los recortes de la ayuda española y su reorientación hacia América castigarían duramente a los países más amenazados por el hambre”. “Esto último sería una pena – añadió Longué – porque la cooperación española en la zona de Sahel está entre las más modernas y profesionales y es un valor añadido para la política exterior española”.

Acción contra el Hambre, presente en la región desde 1995 y actualmente está ayudando a 800.000 personas con 700 cooperantes (expatriados y personal local), ha diseñado una respuesta en tres fases: mitigación, emergencia y rehabilitación.