8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer

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El Día Internacional de la Mujer es, sin duda, una de las fechas más mediáticas del año. Una jornada donde medios de comunicación, administraciones públicas, agentes sociales, colegios, etc. invitan a la reflexión y propugnan un cambio en las mentalidades. FEDACOD se une en este deseo de transformación que permita construir una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres.

El ocho de marzo es un día para la mujer, para reivindicar y poner en un primer plano situaciones injustas a las que aún se ha de hacer frente por la condición de mujer; también es un día para recordar los logros conseguidos en esta carrera de obstáculos que supone, no sólo conseguir la igualdad de derechos entre sexos, sino también que estos sean asumidos por las sociedades y las personas.  El ocho de marzo tiene a la mujer como protagonista pero no son éstas las únicas que deben hacerse partícipes de ello. La lucha por la igualdad, sin el hombre, es una batalla perdida. Y es que no se puede desligar, aunque queramos, al hombre de la mujer, porque esas mujeres  conviven e interactúan con nosotros: son nuestras madres, esposas e hijas. Y no se les puede dar la espalda porque es una discriminación feroz que recae sobre el 50% de la población, aunque la desigualdad no se mantenga con argumentos ni razones, sino con el peso de la historia y de la tradición.

España ha hecho un recorrido espectacular en las últimas décadas. La situación de la mujer de hace dos generaciones y la de ahora dista mucho de parecerse: mientras unas luchaban por conseguir el sufragio femenino, las jóvenes de hoy en día viven en su mayoría libres de tomar sus propias decisiones sin atender a la voluntad de  los varones de la familia. Pero muchas veces, esos grandes cambios sociales eclipsan una realidad subyacente que no hay que dejar de lado. El peso de la casa, el cuidado de las personas ancianas, niños y enfermos sigue siendo uno de los aspectos en los que la mujer lleva la batuta. Es un trabajo invisible que no está  económicamente remunerado ni socialmente valorado.

Sin embargo, según el informe de la OCDE Panorama de la Sociedad 2011, si ponemos cifras al trabajo del hogar estaríamos hablando nada más ni nada menos del 41% del PIB. Un porcentaje que va en aumento en la misma proporción que los recortes sociales, porque ante la carencia de prestaciones sociales, es principalmente la mujer quien cubre los huecos que la sociedad deja.

La mujer se ha incorporado al mercado laboral y es cierto que cada vez hay más féminas en puestos de responsabilidad y toma de poder, en Gobiernos, Administraciones Públicas o Consejos Directivos de empresas privadas. Pero esta incorporación se ha hecho a base de cargarse con una doble jornada laboral: una fuera del hogar y la otra en casa; y en muchas ocasiones renunciando a su derecho a ser madre y por un salario ligeramente inferior que sus compañeros varones. La conciliación de la vida familiar y laboral y la equiparación de salarios son las dos grandes cuentas pendientes de un país como España.

Pero en este panorama es la violencia de género, sin duda, la cara más amarga de esta discriminación y la prueba fehaciente de que aún queda mucho por conseguir. Roles interiorizados tanto por hombres como por mujeres que juegan en contra de ellas. La educación en valores igualitarios es seguramente la medida más eficaz que prevendrá de esta lacra a las próximas generaciones.

Por ello, aún hoy, lograr la igualdad entre géneros es todo un reto que no solo es responsabilidad de los gobiernos o las leyes –que también- sino que empieza en casa, educando desde la infancia, compartiendo el trabajo que las mujeres desempeñan. Desde el lugar de empleo, equiparando los salarios entre hombres y mujeres, reconociendo que ellas también pueden llevar el liderazgo igual o mejor que los hombres. Tenemos que aprender de una vez por todas que la igualdad es más que un ideal, demostrando que es una realidad y un valor apreciado en nuestra sociedad. Aún queda mucho por hacer.