Hoy (por ayer) es un día de sorpresa y revuelo para los católicos del mundo. Hoy es el día en el que el Papa Benedicto XVI ha anunciado que renuncia a su pontificado porque, por su avanzada edad, le faltan las fuerza para ejercer adecuadamente su ministerio. En Manos Unidas hemos recibido la noticia con tristeza; no nos esperábamos una decisión así, que recibimos desde el más profundo respeto.
Manos Unidas agradece a Benedicto XVI su apoyo a los más desfavorecidos y sus constantes alusiones a la Caridad en sus mensajes. Ejemplo de ello son sus Encíclicas «Deus Caritas Est» y «Caritas in Veritae» y el que, probablemente, sea el último mensaje que dedique a los católicos: el de la próxima Cuaresma.
El magisterio de Benedicto XVI ha impulsado en el trabajo que Manos Unidas ha mantenido desde sus orígenes; un trabajo que ha de estar basado en la caridad, entendida ésta como una acción de amor al prójimo y sustentada en nuestra fe.
Hace casi ocho años, el 19 de abril de 2005 Joseph Ratizinger se dirigió por primera vez al mundo, recién elegido Papa, con estas palabras: «Queridos hermanos y hermanas, después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego a vuestras oraciones. En la alegría del Señor y con su ayuda permanente, trabajaremos y con María, su madre, que está de nuestra parte.»
Hoy es a María, en quien tantas y tantas veces se ha apoyado Benedicto XVI, a quien pedimos que cuide de una Iglesia, que se ha quedado un poco huérfana.
En la primavera de 2005 saludamos al nuevo Papa con emoción (leélo aquí): hoy nos despedimos de él con tristeza y mucho agradecimiento.
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