Desde el frente: Swazilandia

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Visitar los diferentes frentes donde se viven las realidades de las enfermedades que combate el Fondo Mundial puede ser una experiencia revitalizadora para el personal de esta organización.

Boniface Njenga, oficial de Adquisiciones en el equipo de África del Sur y Oriental del Fondo Mundial, se sintió fascinado por lo que vio durante una reciente visita a Swazilandia, donde sacó tiempo de su apretada agenda de reuniones con los asociados y familiarización con los sistemas de cadena de suministros del país para conocer el corazón del país.

En la pequeña ciudad de Dvokolwako, situada a una hora y media al noreste de la capital, Mbabane, visitó el centro de atención del vecindario de Malayinini, un centro del Programa Mundial de Alimentos, que proporciona alimentos a niños huérfanos y vulnerables menores de cinco años. Njenga quedó cautivado por lo que vio allí: la pasión de los cocineros, que se llevaban a sus casas una modesta ración de comida en lugar de un salario, el entusiasmo de la maestra que se ocupa de 21 niños con juegos y canciones cinco días a la semana.

Fue testigo del enorme efecto que está teniendo en la comunidad la pequeña inversión en dos comidas diarias. “Uno espera ver tristes a los niños huérfanos y vulnerables”, dijo Njenga. En cambio, vio niños que rebosaban entusiasmo y salud. “Si estos niños, todos ellos afectados y algunos infectados con el VIH, no están bien alimentados, lo más probable es que sean vulnerables a algunas de las enfermedades que afectaron a sus padres”.

Después de haber permanecido unas horas en el centro de alimentación, Njenga visitó un programa de alimentación por prescripción, donde las madres pueden acceder a la atención prenatal, a los servicios de prevención de la transmisión maternoinfantil y de tuberculosis, y conseguir alimentos para mantenerse lo bastante saludables para poder seguir el tratamiento y dar a luz un bebé sano.

Vio a una mujer embarazada, deficiente mental y que vive con el VIH, que había acudido a recoger su ración de alimentos quincenal. Llevaba otro niño a la espalda. Aunque el Fondo Mundial no está subvencionando este proyecto específico, Njenga lo considera como una oportunidad futura para ayudar a la comunidad. “Me siento muy orgulloso de lo que estamos haciendo con estos niños”, dijo. “Y también me entusiasman las posibilidades de los nuevos proyectos que podemos asumir”.

Njenga obtuvo una perspectiva fresca al ver, tocar y sentir los efectos humanos de los programas sobre el terreno. “Es una manera de ponerle un rostro humano a los números”, concluyó.