Para el CERMI, hay que redefinir las estrategias de las entidades de la discapacidad mediante la colaboración y la convergencia

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(Madrid, 4 de noviembre de 2013).- Según el delegado para la Estrategia y la Innovación Asociativas del CERMI, Paulino Azúa, “ahora toca redefinir las estrategias de las entidades de la discapacidad”, ya que, hasta la fecha, su trayectoria ha sido “bastante estanca”, en la que las organizaciones actúan solas en su propio ámbito de competencia, pero “la realidad está demostrando que es necesario colaborar y cooperar, no sólo entre las organizaciones del sector de la discapacidad, sino entre éstas y las del Tercer Sector, e, incluso, entre el Tercer Sector y el mundo empresarial”.

Así lo indica en una entrevista concedida para el boletín de la Fundación Carlos Martín, en la que perfila los elementos claves del Tercer Sector para enfrentar el futuro de las entidades sociales.

En este sentido, explica que ahora está trabajando para dinamizar esa cooperación entre las organizaciones para que esta práctica vaya calando también en las organizaciones más pequeñas, en las que, para él, “hay que generar más sinergias que hagan los servicios más eficientes”.

En su opinión, “hay que tener una visión del Tercer Sector aplicando criterios de gestión empresariales, pensando en las personas con discapacidad, en su autodeterminación y en su calidad de vida”. “Sin olvidar que la persona es el fin último, podemos aplicar esos criterios económicos que nos hagan ser más rentables”, afirma.

Esta colaboración a la que hace referencia, según plantea, “no tiene que suponer que vayan a desaparecer organizaciones o a generar supresiones de puestos de trabajo, pero sí obliga a explorar nuevos caminos, ya que, ya no es sólo por la situación de crisis, sino que es también la sociedad la que demanda que las estructuras adelgacen y se racionalicen”. “Podíamos definir este camino como confianza, colaboración y convergencia”, señala.

Para él, hay que abandonar la idea de que sólo el propio sector sabe lo que hace y el resto no, ya que, según explica, si una empresa tiene una serie de valores y dichos valores coinciden con los de la propia organización, “me parecería una pérdida de recursos el no trabajar de una forma conjunta”.

Además, apunta que hay que convencer a los responsables de las empresas de que se pueden hacer las cosas de otra manera, con una orientación a los usuarios, sin que la empresa pierda el proyecto económico y tenga un cierto margen de beneficio. “Veo más a la empresa como un compañero de viaje, facilitando su conocimiento económico y favoreciendo programas, que como un competidor”, apunta.

Así, Paulino Azúa incide en que la misión del sector es mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, sea directamente o a través de terceros. Por ello, insiste, “si somos capaces de generar una sinergia con una empresa, inyectarle una serie de valores y esta empresa lo va a hacer bien, yo no la veo como un competidor, sino como un aliado”.

Con respecto al futuro del sector de la discapacidad y de su necesidad de cambio, Paulino Azúa confía en la sociedad civil organizada, como un “activo muy importante” para poder afrontar los cambios con determinadas garantías. “Soy optimista, ya que se pueden tener muchos recursos económicos y fracasar estrepitosamente, pero también se puede salir adelante con unos recursos más escasos si se tiene una estrategia y una visión coherente”, añade.

En esta línea, Azúa manifiesta que el CERMI, que ha liderado desde el principio la puesta en práctica en España del desarrollo de la Convención de la ONU, ve como el verdadero cambio de paradigma el considerar que la discapacidad es un elemento que se tiene que contemplar desde el entorno social. Por ello, lucha para que este tratado internacional se ponga en práctica en su máxima amplitud, “cosa que, lamentablemente, en este país, no se está dando”.

“Se ha pasado de una visión asistencialista a una visión donde el sujeto con discapacidad es el protagonista de su propia existencia en la línea de la autodeterminación, de sus derechos y de su vida”, agrega.

Desde el CERMI lo que se plantea, según expone, “es no sólo una lucha frente al poder público sino generar una cultura en las propias organizaciones”, como es el caso de la movilización del año pasado con motivo del Día Internacional y Europeo de la Personas con Discapacidad, y, en este sentido, en su opinión, se está generando una sociedad más libre.

Por ello, el delegado para la Estrategia e Innovación asociativas del CERMI apuesta por la cooperación de las entidades del sector, ya que, para él, “todos unidos generamos una fuerza muy potente”. De ahí, indica, la importancia de las plataformas genéricas y de la participación de todas las organizaciones en ellas, que aúnen las luchas de todos en una sola”.

Por otra parte, ante los obstáculos de la crisis y cómo afecta ésta en la destrucción de empleo para personas con discapacidad, Paulino Azúa reconoce que le preocupan más las dificultades del propio sector y de las familias. Según critica, muchas veces, son ellos los que no creen en las propias posibilidades de las personas con discapacidad y, resalta, prueba de ello es que muchas organizaciones se han acomodado en el desarrollo de los CEE. “La cobertura legal existe, pero hay que seguir fomentándola y hace falta que las propias entidades la pongan en práctica”, asegura.

Por último, Azúa expresa que, ante las dificultades que se presentan, hay que confiar en nuestra propia capacidad para cambiar las cosas y si, además, somos capaces de aunar voluntades, todo será más fácil