Mujeres prisioneras de la casa, iletradas, marginadas y pobres. Y en Irak

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En enero dedicamos nuestra última «Mirada a la Igualdad» basada en la campaña «No hay justicia sin igualdad» que ahora finaliza, a las mujeres de un país tan especial como Irak donde Manos Unidas apoya a la organización local Etana.
  En el mes de enero, el último que dedicaremos a nuestra campaña “No hay justicia sin igualdad” nos lleva a Irak, a la Planicie de Ninive, donde, con apoyo de Manos Unidas, la organización Etana se esfuerza por dotar a las mujeres de las oportunidades que les niegan la pobreza, las mafias, la persecución religiosa y la sociedad machista. En Irak hemos conocido la historia de superación de Nisreen Khalid, viuda con dos hijos y huida de la violencia.

En  Irak, debido a las condiciones de pobreza, violencia y discriminación, las mujeres son las peor paradas. Su papel en una sociedad marcadamente machista, se limita a cuidar de los hijos y del hogar. La falta de formación, la mayoría son casi analfabetas, se refleja en la educación que transmiten a sus hijos: diferenciación entre niños y niñas, menos oportunidades de estudios para las niñas, proliferación de niños trabajadores y matrimonio temprano para las niñas.

A pesar de que el artículo 14 de la constitución expresa la igualdad, en la práctica, – nos explican desde Etana – no es así”. “Cada dos mujeres hacen un hombre. La mujer, por ejemplo, recibe la mitad de la herencia”, aseguran, tras comentar que los hombres no creen en la igualdad porque “si las mujeres se igualan a ellos, los hombres perderían mucho, demasiado”.  Las mujeres, por ello, se convierten en “prisioneras de la casa: iletradas, marginadas y pobres”.  Incluso lasque deben emigrar a la zona por causa del conflicto, que se encuentran con una sociedad represiva en la que no pueden actuar con la misma libertad que tenían en ciudades como Bagdad, lo que les crea graves conflictos internos. .SIGUE LEYENDO y conoce el testimonio de Nisreen Khalid.