
Las emergencias y los nuevos conflictos dejan a los desplazados forzosos a merced del hambre
Roma, 16 de octubre de 2014 – While Mientras que las personas desplazadas por la fuerza constituyen solo una pequeña parte de las que sufren de hambre crónica y desnutrición, el aumento de los desplazamientos causados por la violencia pone en serios aprietos la capacidad de la comunidad internacional de cubrir las necesidades alimentarias básicas de las personas que huyen de los conflictos. Nada ilustra mejor la dura situación en que viven los refugiados y las personas desplazadas que los actuales conflictos en Siria y Sudán del Sur, y la prolongada crisis de los refugiados en el Chad.
«La comida salva vidas. Nos ayuda a ser ciudadanos productivos, y es esencial para el desarrollo de nuestros niños y niñas», dijo el director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, Peter Balleis SJ. «Esta es la razón por la que necesitamos con urgencia más dinero de los grandes donantes y, cuando sea posible, crear más oportunidades para que los desplazados forzosos creen medios de vida sostenibles».
«Sabemos que las ONG y las comunidades locales suelen estar en mejores condiciones para prestar ayuda a las poblaciones a las que es difícil llegar. Pues bien, trabajemos con ellas», añadió.
Más de dos millones de personas se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria en Sudán del Sur, en gran parte debido al estallido de la violencia y al resultante desplazamiento desde diciembre de 2013. En las zonas con un alto índice de desplazamiento, uno de cada dos niños padece malnutrición. El conflicto y la inestabilidad impiden que la gente pueda plantar semillas y cosechar los cultivos. Con un presupuesto de seguridad de más de 700 millones de dólares, el gobierno asignó diez veces más fondos a la seguridad que a la agricultura.
Hasta ahora las iniciativas basadas en la comunidad y los esfuerzos humanitarios han demostrado su eficacia al evitar que varias zonas del país experimenten la hambruna, pero las perspectivas para 2015 son pesimistas, a menos que se consigan de inmediato los fondos que se necesitan desesperadamente y que mejoren ostensiblemente los mecanismos de coordinación entre las agencias de ayuda. Las organizaciones humanitarias deben aumentar la ayuda alimentaria mediante la coordinación de los actores en la cadena de suministro, en particular para los alimentos y las semillas, y consultando a las comunidades sobre qué sería lo mejor para atender a sus necesidades.
«Si esperamos a que se declare la hambruna oficialmente para actuar, entonces ya será demasiado tarde para salvar millones de vidas», dijo Pau Vidal SJ, director del JRS en Maban.
La seguridad alimentaria es una de las prioridades más urgentes de las personas desplazadas por la fuerza en el conflicto sirio. A pesar de un aumento significativo de la cifra de sirios que reciben ayuda alimentaria, casi la mitad de los necesitados aún no han recibido asistencia. Por otra parte, las agencias internacionales de ayuda a menudo no pueden entregar los alimentos a tiempo.
Debido al actual conflicto, las líneas de abastecimiento locales y los mercados siguen siendo inestables dentro de Siria. Muchos donantes están presionando para cambiar a un sistema de vales en vez de ofrecer cestas de alimentos. Si bien esto puede ser de ayuda para los refugiados en países como Jordania e Irak, donde hay alimentos disponibles, la inestabilidad en Siria hace que este sistema no sea seguro.
«Los grupos de base locales a menudo pueden llevar alimentos a las personas extremadamente vulnerables más rápida y eficientemente que las agencias de la ONU y las grandes ONG. La seguridad y el conocimiento local son la clave. Estas agencias deberían confiar más en estas redes locales más pequeñas para llegar a esas poblaciones que, de otro modo, serían inaccesibles, dijo el director del JRS en Oriente Medio y Norte de África, Nawras Sammour SJ.
Las recientes emergencias mundiales han desviado la atención y los recursos de la comunidad internacional lejos de las situaciones de refugio prolongadas. Tras los recortes presupuestarios a principios de 2013 del Programa Mundial de Alimentos, unos 360.000 refugiados sudaneses en el Chad vieron sus raciones de alimentos reducidas en casi un 60 por ciento por debajo de la ingesta de calorías recomendada.
Como parte de un programa piloto en el campamento de Goz Amer, en octubre, las raciones se incrementaron para los casos más vulnerables. Por desgracia, los criterios que determinan la vulnerabilidad se han centrado en la familia como un todo, sin tener en cuenta la naturaleza patriarcal de algunas familias sudanesas. En consecuencia, muchas familias se ven obligadas a casar a hijas, algunas con apenas 13 años, y tanto niñas como mujeres se ven obligadas a participar en el «sexo de supervivencia».
«Es necesario tener en cuenta los factores culturales a la hora de determinar las necesidades alimentarias de los refugiados. Debe prestarse una atención especial a las mujeres refugiadas», dijo Isidore Ngueuleu, responsable de advocacy del JRS África Occidental.





















