Aunque Nuclenor, propietario de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), aún no ha concluido los trabajos e inspecciones en Garoña, en la reunión del pleno del CSN que tuvo lugar el pasado 30 de octubre se aprobaron unas nuevas Especificaciones Técnicas de Funcionamiento, conocidas como ETFM (la M es por Mejoradas), que contemplan plazos de funcionamiento de la central hasta 40, 50 y 60 años. Por tanto, los técnicos del CSN se ven impelidos a realizar unos trabajos que casi con toda seguridad no servirán para nada. La presión ciudadana y el rechazo de todo el arco político, a excepción del Partido Popular, hace que resulte improbable que la central de Garoña vuelva a funcionar. Por otro lado, también se le ha permitido a Nuclenor pedir una prórroga de funcionamiento, lo que ha obligado al CSN a trabajar en el cese de explotación y en la prórroga simultáneamente.
Para Francisco Castejón, portavoz de Ecologistas en Acción, «lo más inteligente sería proceder a la clausura de Garoña, terminar todos los procesos del cese de explotación y proceder al desmantelamiento, y dejar así de gastar dinero en una instalación peligrosa y obsoleta».
























