La violencia de Boko Haram agrava la estación del hambre para medio millón de personas en Diffa (Níger)

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Dos millones de personas sufren inseguridad alimentaria en todo Níger, 460.000 en Diffa, una región caracterizada por la inseguridad alimentaria y nutricional crónicas, que acoge a más de 241.000 refugiados y retornados de Nigeria como resultado del conflicto provocado por Boko Haram en el norte de Nigeria, desde 2013.

 

Acción contra el Hambre trabaja para responder a las necesidades básicas de la población desplazada y de las familias de acogida más vulnerables, así como para proteger y restaurar sus medios de vida.

Durante la última década, Níger se ha enfrentado a severas crisis climáticas causadas por la escasez y la irregularidad de las precipitaciones, a episodios de inestabilidad política, así como a crisis alimentarias y nutricionales en 2005, 2010 y 2012. Actualmente 2,1 millones de personas se enfrentan a una situación de inseguridad alimentaria en el país y en regiones como Zinder, Diffa, Maradi y Dosso la tasa de desnutrición se sitúa por encima del 15%, superior al umbral de emergencia establecido por la OMS. 400.794 niños sufren de desnutrición aguda severa y 709.003 niños y 272.000 mujeres embarazadas y lactantes están afectados por la desnutrición aguda moderada.

Recientemente, el país ha padecido los conflictos internos de los vecinos Mali y Nigeria que está provocando un flujo permanente de refugiados y retornados,  ejerciendo a su vez una creciente presión sobre la capacidad de absorción ya agotada de las comunidades de acogida en Diffa.  Esta región, afectada por la inseguridad alimentaria y nutricional crónicas, así como por la falta de acceso a instalaciones de agua, saneamiento e higiene, acoge ya a más de 241.000 refugiados y retornados de Nigeria, dispuestos en  51 asentamientos.

Impacto de la crisis en los medios de vida
Las necesidades de la población son muy grandes, sobre todo debido a la inseguridad constante, que junto a la llegada de población desplazada, se han añadido a las debilidades estructurales ejerciendo una mayor dependencia sobre  las actividades agro-pastorales y de pesca. Los recursos naturales en  el lago Chad o el río Komadugú son inaccesibles, lo que agrava la escasez de medios de vida y priva a la población de fuentes de ingresos como la pesca y la ganadería. Las rutas de trashumancia se han interrumpido, aumentando la presión sobre los recursos de pastoreo y disminuyendo la producción animal. Tampoco se puede acceder a los campos de cultivo, lo que impide cualquier actividad agrícola en la zona y en consecuencia cualquier ingreso económico relacionado con la agricultura. Factores todos responsables de la vulnerabilidad y la pobreza que afecta a la población de Diffa, a los que las pocas organizaciones humanitarias presentes en la zona trabajan para dar respuesta.

“Antes del conflicto, la región de Diffa ya estaba clasificada como un área crónicamente vulnerable. Por lo tanto, incluso en las zonas menos expuestas a los ataques de Boko Haram, la situación alimentaria y nutricional sigue siendo crítica ya que estas zonas se enfrentan a un déficit crónico, incluso en años normales. Actualmente, las familias de refugiados o desplazados dependen en gran medida del apoyo de las comunidades de acogida para sus necesidades básicas como vivienda, alimentos, agua…, a pesar de que éstas ya sufren una fuerte presión”, señala Álvaro Pascual, responsable geográfico de Acción contra el Hambre para el Sahel. Un conjunto de población, desplazada y de acogida, que se enfrenta a grandes necesidades: alimentos, bienes de primera necesidad, agua, así como a fortalecer sus medios de vida y diversificar sus fuentes de ingresos.

La respuesta de Acción contra el Hambre
“Diffa es un contexto específico con una compleja crisis humanitaria en la que los repentinos e inesperados movimientos de población, condicionados por los ataques de Boko Haram, hacen que la respuesta de emergencia sea especialmente compleja. Nuestro trabajo debe integrar intervenciones a corto, medio y largo plazo, combinar acciones de emergencia con actividades de recuperación y desarrollo, y hacer frente así a las causas que originan la situación de vulnerabilidad en la zona”, afirma Álvaro Pascual.

En un conjunto de actividades destinadas a reforzar los activos individuales y de la comunidad, Acción contra el Hambre está prestando especial atención a la mejora de la producción agrícola y a la creación de oportunidades de trabajo. Así, a través de transferencias de dinero para resolver las necesidades alimentarias y de actividades generadoras de ingresos para apoyar la autosuficiencia de la población, se busca evitar un mayor deterioro de la situación, reducir la presión sobre las comunidades de acogida y reducir al mínimo la puesta en práctica de mecanismos de supervivencia negativos.

Esta situación está estrechamente vinculada a la falta de acceso en la región a agua potable y a servicios de higiene y saneamiento, que se ha visto agravada con la llegada de la nueva población de refugiados y de desplazados internos, con una mayor sobreexplotación de los limitados recursos de agua e instalaciones de saneamiento e higiene.

La respuesta de emergencia multisectorial de Acción contra el Hambre busca dar respuesta a las necesidades de agua, saneamiento e higiene, mediante la distribución de kits de higiene, la rehabilitación y construcción de puntos de agua y de letrinas, la promoción de la higiene y la prevención del cólera, así como de seguridad alimentaria y medios de vida.