ONGAWA destapa un escándalo de 1.800 millones

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua, ONGAWA denuncia que un cuarto de la población mundial bebe cada día agua contaminada con materia fecal.

La ONG ONGAWA ha hecho público un vídeo destapando un escándalo millonario: 1.800 millones de seres humanos beben cada día agua contaminada con materia fecal. Se trata de casi un cuarto de la población mundial.

Según declaraciones de Alberto Guijarro, portavoz de ONGAWA, no estamos destapando un escándalo más. No es un escándalo de 1.800 millones de euros, de trajes de lujo o de coches de alta gama. Hablamos de 1.800 millones de personas.

Esta situación permanece oculta tras un velo de silencio, desconocimiento e incluso indiferencia que no hacen más que perpetuar sus graves consecuencias:

  • más de 1,5 millones de personas, una cifra equivalente a toda la población de la provincia de Málaga, la sexta más poblada de España, mueren cada año por enfermedades diarreicas atribuibles a la falta de acceso a un agua potable salubre y al saneamiento básico. El 90% de estas muertes son niños menores de 5 años de edad
  • La mitad de las camas hospitalarias de los países en desarrollo están ocupadas por personas con enfermedades relacionadas con la falta de agua de calidad, saneamiento e higiene, limitando sus posibilidades para salir del círculo de la pobreza
  • Se pierden 443 millones de días escolares al año debido a enfermedades relacionadas con el agua, hipotecando su educación y sus ingresos futuros

En palabras de Alberto Guijarro, que existan en pleno siglo XXI cientos de millones de personas sin acceso mejorado a agua y a saneamiento es un escándalo inaceptable; y a pesar de ello, el ritmo actual de avance en agua y saneamiento no es suficiente para alcanzar el acceso universal en 2030, como Naciones Unidas ha establecido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

ONGAWA considera que existen tecnologías y metodologías de intervención para el acceso al agua y saneamiento más que probadas, y que está demostrado que la inversión en agua y saneamiento produce beneficios para la salud, la educación, el crecimiento, los ingresos y la dignidad de las personas. Por tanto, lo único que hace falta para conseguir el acceso universal es que nuestros gobiernos quieran hacerlo y que desde la ciudadanía lo demandemos.