Internacional-Chile- Buenas prácticas agrícolas exigen buenas prácticas en políticas públicas

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Durante la apertura del seminario subregional Buenas Prácticas Agrícolas para la Agricultura Familiar de los países del MERCOSUR ampliado, realizado en la Universidad de Talca, el Representante Regional de la FAO, señor José Graziano da Silva, destacó el rol que juegan las políticas públicas como complemento necesario para el desarrollo de la agricultura familiar y las Buenas Prácticas Agrícolas:

El desafío que nos convoca en este Seminario es más amplio que la mera discusión académica o el intercambio de experiencias. Estamos aquí para mejorar el futuro de la agricultura familiar. Esa es nuestra motivación, clara e inmediata. Es más, diría que se trata de algo urgente. Hoy la viabilidad del pequeño productor depende más que nunca del acceso a las herramientas claves del desarrollo. Estoy hablando de crédito barato y disponible, de la tecnología necesaria y – por sobre todo lo demás – de políticas públicas que aseguren la participación en los mercados.

Es algo irreal esperar que los productores de pequeña escala funcionen de la misma forma en que lo hacen las grandes empresas transnacionales. Ellas cuentan con vastos recursos económicos, mano de obra barata, redes internacionales e incentivos fiscales ventajosos. Además, disponen de una enorme capacidad para presionar políticamente a los gobiernos y llegar a las mentes de los consumidores a través de millones de dólares invertidos en marketing.

La suerte de la agricultura familiar, al contrario, está indisociablemente unida a un proyecto de desarrollo soberano. Me refiero a políticas públicas que aseguren a los actores locales un espacio en la generación de riqueza y la repartición de sus frutos. En su trabajo, los pequeños agricultores se ven enfrentados a numerosos obstáculos, entre los que cabe mencionar la falta de crédito, la competencia que genera la globalización y la falta de mercado para sus productos, sin olvidar los numerosos factores naturales. A pesar de todo lo anterior, la agricultura familiar de la mayoría de nuestros países es el segmento más importante en la generación de empleos y alimentos.

Es desde esta perspectiva que debemos analizar el esfuerzo por difundir Buenas Prácticas Agrícolas en la Agricultura Familiar de los países del MERCOSUR ampliado. El primer paso de este esfuerzo por inyectar competitividad en la producción familiar y campesina es de naturaleza política.

Los gobiernos de la Región deben reducir la distancia entre los mercados locales y los mundiales, incrementando la competitividad de los sectores más sólidos y protegiendo aquellos que son más vulnerables, como es el caso de la agricultura familiar. No se trata de perpetuar formas de producción ineficiente. Al contrario, se trata de insertarlos en el desarrollo, prestando apoyo y capacitación técnica, estimulando la producción y comercialización comunitaria como una forma de romper las cadenas que limitan la producción de pequeña escala.

Otro factor fundamental es la disponibilidad de tecnología y la definición de una política de precios justos. No hablo sólo de una tabla indicativa, sino de iniciativas institucionales de adquisición de alimentos y materias primas, que aseguren al productor un retorno de largo plazo. Finalmente, es preciso reconocer que nada de esto tendrá viabilidad si el Estado no define una política de crédito a costo bajo, capaz de apoyar la pequeña producción.