Acción Contra el Hambre aplaude la iniciativa de la Comisión Europea para Sahel y esboza hoja de ruta para para la crisis

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Acción contra el Hambre Internacional, junto a Save the Children Internacional, Oxfam Internacional y World Vision Internacional, cuatro de las principales organizaciones internacionales que trabajan actualmente en el Sahel y África Occidental y Central, donde más de 18 millones de personas están afectadas por una severa crisis alimentaria que amenaza la vida de más de un millón de niños, aplaude el liderazgo mostrado por la Comisión Europea al convocar esta Consulta de  Alto Nivel en un momento crucial para la región del Sahel, así como la positiva iniciativa financiera y política desplegada en torno a esta crisis. La reunión no podía ser más oportuna e importante dado que las comunidades de Sahel están a punto de entrar en el pico de la crisis, y las voces en pro de la resiliencia y la necesidad de romper el ciclo de la sequía se están abriendo paso. 

Para que la reunión consiga realmente progresos en este sentido, pedimos a los participantes (entre ellos el presidente de Acción contra el Hambre-Francia, Benoit Miribel) en la misma que se centren en tres cuestiones prioritarias: asegurar los fondos necesarios para la respuesta de emergencia, abordar asuntos urgentes como el de Malí o la necesidad de asegurar buenas cosechas y crear una plataforma sólida y ambiciosa a favor de la resiliencia. También es importante que la reunión defina claramente mecanismos de seguimiento que sean coherentes y refuercen las iniciativas de la Unión Africana y del ECOWAS por reunir a los actores clave en el Sahel.

1. ASEGURAR LOS FONDOS NECESARIOS PARA LA EMERGENCIA

La crisis alimentarias que las ONG, las agencias de Naciones Unidas y los gobiernos de la región, además de una serie de donantes, entre ellos la Comisión Europea, anunciaron desde finales de 2011 ya está aquí. La situación  podría deteriorarse significativamente en los próximos meses. Las reservas de alimentos están agotadas para millones de personas, y la rápida subida de los precios de los alimentos han hecho imposible para muchos comprarlos en los mercados. Según datos recientes, en algunas zonas de la región (incluida Gao y otras zonas del norte de Malí, el este de Mauritania y algunas zonas de Chad) ya están clasificadas como en inseguridad alimentaria “extrema” (fase 4 de la clasificación del IPC), con amplias franjas en la fase “crítica” precedente.

En este contexto, las Naciones Unidas han estado trabajando con los gobiernos nacionales y ONG internacionales para revisar su llamamiento de emergencia, que ahora estima necesarios más de 1.540 millones de dólares para proteger a la población más vulnerable en la región.  Hasta la fecha se han liberado 657 millones para este llamamiento, sumados a 222 millones adicionales para proyectos fuera del llamamiento. Esto deja aún una enorme laguna que hay que colmar rápidamente, de forma que es fundamental que los donantes aprovechen la oportunidad de esta cita para incrementar sus aportaciones y contribuir de forma acorde a sus posibilidades a la respuesta de emergencia. Deberían, además, realizarse mayores esfuerzos por incluir a los países fuera de la OCDE, entre ellos los del Golfo, para alentar un mayor compromiso a la hora de responder a los retos a corto y largo plazo en el Sahel.

2. ABORDAR LOS ASUNTOS MÁS URGENTES

Proteger a las comunidades y asegurar la próxima cosecha

Hay una necesidad urgente de abordar la salud y supervivencia de las comunidades, enfrentando la malaria y la desnutrición en la crisis inmediata y allanando el camino para una mejor nutrición en el futuro. Los agricultores de numerosas partes de la región deberían estar preparando ya la próxima cosecha pero la falta de semillas, herramientas, fertilizantes y también el desplazamiento en numerosas zonas, les han inhabilitado para la siembra. Debería darse prioridad a los proyectos que contribuyen a fomentar la producción de los pequeños agricultores para evitar otra mala cosecha, así como a las actividades dirigidas a asegurar y gestionar las reservas de alimentos a nivel local y a invertir en cultivos invernales para evitar otra estación del hambre difícil en 2013.  

Proteger a los niños

Las vidas de más de un millón de niños están amenazadas por la desnutrición severa.  Tres millones de niños padecen ya desnutrición aguda moderada. Los niños menores de cinco años corren especial peligro. Los niños se enfrentan a múltiples vulnerabilidades como resultado de esta crisis, así que la respuesta debe incluir el apoyo a todos los sectores, incluidos aquellos crónicamente sub-financiados como la protección de los menores y la educación. Hacemos un llamamiento a los donantes a que prioricen a los niños haciendo frente a la desnutrición, tanto en la crisis inmediata como a largo plazo, incluyendo transferencias monetarias centradas en las mujeres y en los niños menores de cinco años,  financiando sectores clave que aseguren la protección de los menores, y monitoreando y reportando las violaciones en el marco del conflicto.

Ampliar la ayuda en Malí

Estamos especialmente preocupados por la grave situación en Malí, y el impacto humanitario de una triple crisis (política, de seguridad y alimentaria) tanto en la población maliense como en los países vecinos. El conflicto ha aumentado enormemente las necesidades humanitarias entre la población en el norte del país, así como entre los casi cientos de miles de desplazados y sus comunidades de acogida. Asegurar el acceso adecuado a la ayuda para las poblaciones del norte es de máxima prioridad, así como garantizar ayuda y protección adecuada y apropiada a los desplazados internos, los refugiados y las comunidades de acogida.

El sur del país, donde el acceso humanitario está dificultado, también está afrontando el pico de una grave crisis alimentaria. Como resultado de todo ello, 4,6 millones de personas en Malí están en inseguridad alimentaria. Mientras tanto, numerosos donantes han congelado sus ayudas bilaterales o de desarrollo. Nos preocupa que estos cortes puedan minar la capacidad del Gobierno y de las agencias técnicas de coordinar la respuesta inmediata y lleve a una reducción crítica de la financiación de los proyectos de agricultura y resiliencia. Exhortamos a los donantes a adoptar enfoques comunes, ambiciosos y creativos para ampliar y apoyar el apoyo a la población maliense en el contexto de la inestabilidad política.

3.  CREAR UNA PLATAFORMA SÓLIDA Y AMBICIOSA PAR LA RESILIENCIA

Aplaudimos la iniciativa de la UE de establecer una Alianza para la Resilencia en el Sahel. La experiencia de las iniciativas en el Cuerno de África, como elHorn of Africa Plan of Action, SHARE y la  Alliance for Growth and Resilience, parecen probar que este tipo de uniones, si están diseñadas de la forma adecuada, pueden desempeñar un rol crítico a la hora de generar un proceso sostenido en torno a medidas de resiliencia por parte de las partes interesadas clave para romper el ciclo de la sequía y la inseguridad alimentaria. 

Nos alegra que la propuesta esté solidamente asentada en el nivel regional. Para que tenga éxito, consideramos fundamental que esta alianza cree sobre la base de iniciativas existentes como la política regional agrícola del ECOWAS (ECOWAP) y su plan de inversión,  o como la Carta sobre la prevención y gestión de crisis alimentarias, firmada por todos los países del ECOWAS y Chad y Mauritania. También debería apoyar la creación de capacidades de estas instituciones y alentarles a que tomen un rol de liderazgo en la coordinación e implementación de estas iniciativas regionales. Estas deben tener también sólidos vínculos con estructuras nacionales, sub-nacionales y comunitarias.

Construyendo sobre la experiencia del Cuerno de África, recomendamos enérgicamente que la sociedad civil nacional e internacional esté firmemente integrada en el posterior desarrollo e implementación de esta alianza, no solo como actor clave en los proyectos para aumentar la resiliencia en la región sino también como una poderosa voz para que los gobiernos nacionales tengan que rendir cuentas sobre la priorización de estas políticas.

La alianza debe centrarse en la implementación práctica de medidas de generación de resiliencia, en la creación de apoyo y consenso entre los gobiernos nacionales, entes regionales, donantes, agencias de Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil. Junto a inversiones en los pequeños agricultores, la plataforma debería prever una fuerte integración de medidas de protección social y nutrición, que se dirijan especialmente a las poblaciones más vulnerables. Debería apoyar al ECOWAS para avanzar hacia propuestas dirigidas a desarrollar un sistema de reservas alimentarias comunitarias, nacionales y regionales que cree resiliencia ante las crisis y haga frente a la volatilidad de los precios de los alimentos. 

Por último, es importante que los donantes ajusten la escala de ambición necesaria con compromisos financieros sostenidos y flexibles, incluida una mayor financiación para programas de  Reducción del Riesgo ante Desastres (DRR)  y la mejor integración de la ayuda humanitaria y de desarrollo, que requiere ciclos de programa a largo plazo. La financiación de los donantes a la agricultura debería dirigirse de forma más afinada a los países que más la necesitan (solo el 17% de la financiación mundial de los donantes a la agricultura es recibida por los 25 países más afectados por el hambre y la inseguridad alimentaria). La plataforma debe tratar de reforzar la eficacia de la ayuda creando espacios para la coordinación de los donantes, la armonización y la división de responsabilidades, incluida entre los actores humanitarios y de desarrollo.