
La sed de café en el mundo parece insaciable. Un nuevo informe sobre la materia prima publicado por la Fairtrade Foundation (la asociación del Sello Fairtrade en Inglaterra), pone de relieve cómo el consumo de café casi se ha duplicado en los 40 últimos años, con las economía emergentes de Brasil, la India y Europa del Este al frente de la demanda, y a pesar de ello los pequeños productores siguen luchando por sobrevivir.
El consumo global de café casi se ha duplicado en los últimos 40 años, alcanzando, sólo en 2011, los 8 millones de toneladas, lo que ha significado 23,5 mil millones de dólares en divisas a los países exportadores de café.
Pero la mayor parte del dinero del comercio del café -de un valor mundial de 71 mil millones de dolares el año pasado – se lo lleva un número relativamente pequeño de empresas en los países consumidores que manufacturan y comercializan el café que compramos en nuestras tiendas y cafeterías
Los 25 millones de pequeños productores que cultivan el 80 por ciento del café mundial siguen sin conseguir su parte justa de la riqueza generada por su trabajo. Están la parte baja de la cadena de suministro, con poco poder para negociar un precio decente con los intermediarios locales que compran su café. Los caficultores suelen vivir con menos de 2$ al día, ubicados en remotas comunidades rurales sin acceso a viviendas decentes, agua potable, electricidad, educación o asistencia sanitaria.
El constante crecimiento de la demanda de café debería significar la llegada de tiempos mejores para los cultivadores. Pero décadas de precios bajos e inestables han dejado un legado de agricultores endeudados, sin apoyo técnico y financiero para invertir en la mejora de la productividad y la calidad, y mal equipados para aprovechar las oportunidades presentes. Las generaciones más jóvenes, que no ven futuro en el cultivo del café, abandonan la agricultura para buscar un trabajo mejor remunerado en otra parte.
Además, ahora los caficultores tienen que adaptarse a los efectos impredecibles y en aumento del cambio climático. La propagación de plagas y enfermedades, las altas temperaturas, lluvias irregulares o periodos de sequía desorganizan la producción, convirtiendo, incluso, ciertas zonas, en inadecuadas para el cultivo del café.
Con el riesgo de escasez muy real en el horizonte, la industria del café debe apoyar firmemente los agricultores a enfrentarse a esos retos. Muchas empresas reconocen que el Comercio Justo es parte de la solución, al proveer ingresos adicionales para que los productores inviertan en prácticas agrícolas más sostenibles: plantando variedades resistentes a la sequía -y a la las plagas-, mejorando la eficacia de sus negocios e implementando proyectos que benefician a la comunidad en su conjunto.
Ayudando a asegurar ingresos decentes a los agricultores, las empresas pueden también asegurar que su negocio tendrá un suministro duradero de café de calidad.
























