
– Las organizaciones humanitarias permanecen alerta ante la posibilidad de que el brote de cólera se propague a los campos de refugiados en Uganda
A lo largo de los últimos meses 25.000 congoleños han tenido que huir de su país a causa del aumento de la violencia en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur. Tras unas semanas de relativa calma, el conflicto armado se ha recrudecido de nuevo en la región de Rutshuru (Kivu Norte), donde los rebeldes del movimiento 23 de Marzo de 2009 han ido avanzando hasta las poblaciones de Jomba Chengerero, Rwanguba y Bunagana para finalmente, el pasado domingo, hacerse con el control de Rutshuru y Kiwanja.
La llegada del conflicto a la ciudad fronteriza de Bunagana, la pasada semana, hizo que miles de personas más abandonaran sus hogares en dirección hacia Uganda. “Huimos porque teníamos miedo de las escaramuzas entre el ejército y los rebeldes”. “Hay un proverbio africano que dice que cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre, así que dejé la región de Rutshuru con mi familia para encontrar seguridad en Uganda hasta que las cosas se estabilicen”, explica Vincent, una de los recién llegados a los campos de refugiados.
Una vez que cruzan la frontera, los refugiados son trasladados al centro de tránsito de Nyakabande, en las afueras de Kisoro, una población tranquila que habitualmente vive de la recepción de turistas que visitan el lugar donde se encuentran los gorilas de montaña.
El campo, al pie del volcán Muhabura, está compuesto de 400 tiendas y, de acuerdo con ACNUR, alberga actualmente a más de 10.000 personas, lo que excede en mucho la capacidad inicial del emplazamiento. MSF y varias organizaciones humanitarias más proveen refugio, comida, agua y cuidado médico a los refugiados.
“Las llegadas de nuevos refugiados se suceden dependiendo de la intensidad del conflicto armado. Muchos han tenido que caminar durante semanas para llegar a Uganda y han tenido que esconderse en los bosques para evitar encontrarse con soldados o rebeldes”, apunta Brigitte Rossotti, coordinadora de operaciones de MSF en el campo.
Algunos de los refugiados pretenden regresar a sus casas una vez que la situación bélica se estabilice, y por esa razón se han quedado en este campo temporal. Sin embargo, muchos confiesan estar preocupados ante la posibilidad de que les obliguen a dejar el lugar demasiado pronto, pues el campo está situado muy cerca de la frontera con la RDC, y el Gobierno de Uganda no quiere que eso acabe propiciando problemas.
Los 18.000 refugiados que han decidido asentarse de una manera menos temporal en Uganda han sido trasladados al campo permanente de Rwamwanja –un antiguo campo que ha sido reabierto recientemente-, situado en una zona boscosa que está a un día de camino. A cada familia le es asignada una parcela para cultivar y se le da algo de provisiones, mientras que diversas ONG trabajan para mejorar el acceso a agua y a los servicios de salud.
EN KIVU NORTE, AL OTRO LADO DE LA FRONTERA, EL CONFLICTO BLOQUEA EL ACCESO A SERVICIOS MEDICOSY EL CÓLERA SIGUE SIENDO UNA AMENAZA
En cuanto se detectó el brote de cólera en la región de Rutshuru a finales de mayo, MSF abrió un centro de tratamiento en la localidad de Rwanguba en el que más de 750 pacientes recibieron tratamiento en apenas un mes. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto está dificultando enormemente que los equipos de la organización puedan seguir atendiendo a los pacientes.
“Las carreteras están bloqueadas o son altamente inseguras y eso hace que el acceso a los centros de salud sea muy difícil”, explica Mickael Le Paih, coordinador de MSF en Kivu Norte. “En los últimos días estamos recibiendo un menor número de pacientes. Y eso se debe a la situación de conflicto abierto que hay en toda la región”, añade. “También estamos poniendo todos nuestros esfuerzos en tratar de evitar que la enfermedad acabe extendiéndose a los campos de refugiados en Uganda a través del flujo de refugiados”.
MSF mantiene sus operaciones en todos sus proyectos de Kivu Norte y un equipo quirúrgico está siempre presente en el hospital general de Rutshuru, donde 280 heridos han recibido tratamiento en tan sólo ocho semanas.
“Pedimos a todas las partes enfrentadas que posibiliten el acceso de la población a los hospitales y que respeten la integridad de los civiles”, concluye Le Paih.
























