Pobreza y cambio climático: ¿qué significa adaptarse?

Hace tiempo que en los despachos de empresas, en los consejos de ministros y en las mesas de los grandes foros internacionales no hay dudas sobre la importancia de incorporar los impactos del cambio climático en cualquier estrategia a medio y largo plazo. Incluso los escenarios más optimistas apuntan a grandes alteraciones del funcionamiento de los ecosistemas y a la transformación de sectores económicos como el transporte, el turismo o la agricultura. Adaptación y resiliencia son trending topic en la conversación global sobre el futuro del planeta.

Sin embargo, las infografías mediáticas y las declaraciones políticas ocultan a veces el mapa de rostros y voces de quienes sufrirán esos impactos directamente en forma de hambre, enfermedades y pobreza extrema. Hablar de riesgos es hablar de vulnerabilidad, y son las personas pobres quienes menos recursos tienen para adaptarse y minimizar daños. En cualquiera de los  escenarios climáticos posibles, campesinos, mujeres y niños de los países pobres serán los más perjudicados.

En ONGAWA trabajamos para que los más vulnerables dispongan de los recursos y las capacidades necesarias para adaptarse al cambio climático y afrontar con éxito sus impactos.

Desde 2014 ONGAWA trabaja para mejorar la gobernanza ambiental y garantizar la sostenibilidad del acceso al agua en la Microcuenca Manzanayocc, en el Departamento de Huancavelica (Perú). Se trata de la zona más pobre de Perú: azotada por el conflicto en los años 70 y 80 y prácticamente abandonada por las instituciones, sus niveles de pobreza y de acceso a servicios básicos – 70% de población en pobreza extrema, 65% sin agua potable – encajan mal con un país cuyo crecimiento económico en los últimos años está entre los más altos de la región.

La intervención de ONGAWA, que cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), aspira a mejorar el acceso al agua de los 3200 habitantes de la microcuenca de Manzanayocc promoviendo la conservación de los recursos naturales mediante la gestión integral de la cuenca hidrográfica.

La mala gestión de los recursos naturales de la cuenca afecta directamente al ejercicio de los derechos a la salud, a la alimentación y al agua. Mejorar su conservación y aumentar la participación de las personas y comunidades en las decisiones que les afectan es imprescindible para garantizar su acceso a fuentes de agua y, por tanto, a condiciones dignas y medios de vida sostenibles.

ONGAWA, de la mano de nuestro socio local Servicios Educativos Rurales (SER, una organización que lleva 30 años trabajando en la zona), refuerza las capacidades y los mecanismos de participación de las Juntas de Agua y Servicios de Saneamiento (JASS) de las 9 localidades de la subcuenca. Además promovemos un proceso participativo para diseñar un Plan de Acción para la protección y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, trabajando codo con codo con las autoridades municipales y las comunidades.