La política europea de campamentos no funciona

El conservadurismo de las políticas migratorias y de asilo basada en el establecimiento de campamentos y puntos calientes o 'hotspots' ha demostrado que no funciona. Las pruebas más significativas: las condiciones inhumanas sobre las que se ha informado en que viven los refugiados y el surgimiento y apoyo a movimientos extremistas y xenófobos en toda la UE.

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Mapa con los campamentos y puntos calientes establecidos a fecha de noviembre 2016. En rojo, los centros de detención; en azul los que procesan las aplicaciones de asilo para los inmigrantes recién llegados; en morado campos con doble función: examinar dichas aplicaciones y deportar a aquellos cuyas peticiones son denegadas. Los triángulos azules muestran la localización de los "puntos calientes".

“Gracias”, dice Yamal en español después de recibir información sobre los cursos formativos que el gobierno de Flandes organiza este noviembre. Tiene 27 años y dejó Somalia a los 18 huyendo de una situación de conflicto y violencia permanente. Cuenta que el gobierno belga aceptó su petición y vino a Bélgica desde Somalia ya con el estatus de refugiado. Yamal pasó un tiempo en uno de los llamados “Centro de Recepción de Solicitantes de Asilo”, hasta que lo trasladaron como parte del programa, y actualmente vive en Amberes en una vivienda privada y comparte las zonas comunes con otras personas refugiadas procedentes de diversos países.

Yamal puede considerarse “afortunado”. La prolongación de conflictos en Somalia, Siria, Eritrea o Afganistán ha desembocado en un aumento de la llegada de refugiados a Europa. Una llegada que, como indica Migreurop -red de asociaciones crítica con las políticas migratorias de la UE de la última década- la Unión Europea (UE) ha calificado de “masiva”. Migreurop denuncia que desde 2011 la UE ha utilizado esa “masividad” como pretexto para girar hacia una regulación más estricta y conservadora en su política de asilo de refugiados. El establecimiento de centros o «puntos calientes» y campamentos se ha convertido en la línea oficial de Europa para con los refugiados. Tras el argumento de “modelos de derechos humanos”, los campamentos y los puntos calientes esconden demandas más conservadoras de mantener a los refugiados fuera de las fronteras de la Unión Europea. De ahí su abundante localización en los países periféricos y fronteras de la UE, como el caso de la jungla de Calais.

Aumento del extremismo

La reciente crisis económica y sociopolítica europea ha desembocado en el aumento de movimientos y partidos políticos xenófobos y euroescépticos. Si no un aumento, al menos sus voces se han hecho más fuertes en el panorama político. El extremismo europeo ya no se trata de un hecho nacional aislado. Partidos políticos y movimientos sociales extremistas de toda la UE han aunado sus esfuerzos en cuestionar la legitimidad de acuerdos internacionales como la Convención de Ginebra sobre la protección de los derechos del refugiado. En Alemania, Alternativa para Alemania (AFD, por sus siglas en alemán), partido euroescéptico y en contra de los rescates a los países periféricos, ha experimentado un apoyo masivo al declararse oficialmente contrario a la política de bienvenida de refugiados de Angela Merkel. El AFD sobrepasó al Partido demócrata cristiano en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, nada más ni nada menos que en la circunscripción de Merkel en las elecciones regionales del pasado septiembre 2016.

A principios del pasado octubre Hungría celebraba un referendum, encabezado por el gobierno de Viktor Orbàn, con la intención de echar por tierra los planes de la UE sobre la relocalización de refugiados. Lo que la Comisión tachó de un simple proceso interno que no afectaría de ningún modo a la línea de trabajo de la UE, no es sin embargo un hecho aislado. Por esta época, en 2015, Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, apoyado por República Checa, Hungría y Rumanía, decidió llevar a la Unión Europea ante el Tribunal de Justica Europeo su rechazo total del sistema de cuotas y la subsecuente relocalización de refugiados. En marzo de 2016, Robert Fico, ferviente opositor del multiculturalismo, la acogida de inmigrantes y el Islam, aunque sin mayoría absoluta, volvía a ganar las elecciones generales.

Política de relocalización incumplida

Los valores de solidaridad y libertad de movimiento, bases del proyecto europeo, están siendo desplazados por políticas de abuso y de puesta de obstáculos. Contrarios a esta lógica, a finales del verano de 2015, países como Austria y Alemania decidieron abrir sus fronteras y alinearse con el derecho a la libertad de movimiento. No duró mucho. Europa los llamó al encerado para recordarles que los deberes consistían en construir más campamentos y reforzar fronteras.

La denegación de la libertad de movimiento y la externalización de refugiados se estaban consolidando como norma. Ayuda a refugiados sí, pero cuanto más lejos de Schengen mejor. Un año después del compromiso de la Unión Europea a una política común de relocalización, apenas un 10% del número total previsto de refugiados ha sido “relocalizado”, mientras que 60.000 personas permanecen estancadas en Grecia en campamentos que han obtenido el calificativo unánime de “inhumanos”. No sólo es Grecia; aunque más silenciados por la prensa, campamentos y puntos calientes abundan en Italia, Francia, Bulgaria, Malta, Chipre, Ceuta, Melilla… Desde Migreurop calculan que de 2011 a 2016 la capacidad de todos los campos identificados ha aumentado de media de 32.000 a 47.000 personas.

Desmantelamiento de los campos

Hace dos semanas el desmantelamiento de Calais demostraba que la reciente reducción del número campamentos en la UE no es consecuencia de políticas migratorias más favorables. Calais multiplicó el número de refugiados en Paris a 3.000. El 4 de noviembre las autoridades francesas comenzaban la subsiguiente evacuación del campamento de la capital francesa.

El método y las formas en la que los países de la UE están llevando a cabo el desmantelamiento de estos campamentos recuerdan a aquellas imágenes de 2005 del abandono de los asentamientos israelís en la Franja de Gaza. Por un lado, parecen poner fin a las condiciones inhumanas en las que se retenía a los refugiados y responder a organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos. Por otro lado, parecen querer demostrar al mundo cómo el desmantelamiento de estos campamentos, puntos calientes, lleva a una situación aún más caótica y que, por ende, lo más eficiente es continuar en la línea seguida hasta ahora.

Como indica Migreurop, los campamentos de refugiados no son la solución en Europa. Tampoco su cierre. Al menos sin un proceso de planificación exhaustivo y los recursos necesarios. Los estados miembros de la UE comparten la responsabilidad de procurar y asegurar de una manera digna la libertad de movimiento y de asentamiento de los solicitantes de asilo. En definitiva, la UE debe recordar que solicitar asilo no es jugar a la lotería, sino ejercer un derecho.