Objetivo: desperdicio alimentario cero

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Datos del desperdicio alimentario en el mundo
Fuente: FAO

La Navidad es una de las fechas en las que más comida se consume y, a la vez, más se tira a la basura. Aunque cada vez hay más iniciativas que buscan solución al desperdicio alimentario, todavía queda mucho camino por recorrer.

La Navidad es una época que asociamos a conceptos como familia, regalos y vacaciones pero, sobre todo, a comilonas: infinidad de cenas y comidas interminables con amigos, compañeros de trabajo o familiares con las que celebramos estas fiestas. Pero, la mayor parte de las veces los estómagos empachados no pueden ante semejante orgía gastronómica y muchas delicatessen acaban en el cubo de la basura.

Si bien es cierto que se trata de fechas especiales, también lo es el hecho de que el desperdicio de alimentos es algo tan común en el llamado “mundo desarrollado” que ya ni nos damos cuenta. Sin embargo es un exceso cuando casi mil millones de personas pasan hambre, y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía o tierra utilizados en la producción de esos alimentos.

Radiografía del desperdicio alimentario: algunas cifras

La FAO estima que hasta un tercio de todos los alimentos se estropea o se desperdicia antes de ser consumido por las personas. O, traducido en cifras, más de 1.300 millones de toneladas. Pero, ¿qué es la pérdida y el desperdicio de alimentos? Según la definición de este mismo organismo, es la merma en las etapas sucesivas de la cadena de suministro de alimentos destinados al consumo humano: los alimentos se pierden o desperdician en toda la cadena de suministro -desde la producción inicial hasta el consumo final de los hogares- pero cuando éstos son aptos para el consumo humano pero no se consumen porque se deja que se estropeen o son descartados por los minoristas o los consumidores, se llama desperdicio de alimentos. Esto puede deberse a las reglas de etiquetado de fecha de caducidad rígidas o mal entendidas, o a prácticas de almacenamiento, compra o de cocina inadecuadas.

La Comisión Europea (CE) calcula que de esa comida en buen estado que cada año se desaprovecha, 89 millones de toneladas corresponden a la Unión Europea, o lo que es lo mismo, 179 kilos por habitante de alimentos son desperdiciados. Y ello sin contar los de origen agrícola generados en el proceso de producción, ni los descartes de pescado arrojados al mar.

Siguiendo con las cifras, España es el séptimo país que más comida desperdicia (7,7 millones de toneladas) según la CE. En cuanto al ámbito de los hogares, un estudio realizado por la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (Hispacop) en 2013 y avalado por el Instituto Nacional de Consumo, señalaba entre otros datos, que el desperdicio medio por hogar (2,7 personas de media) es de 1,3 kg/semana o 76 kg/año, lo que equivale a más de medio kg de alimentos por persona y semana. Así, los hogares españoles tiran en un año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo.

Cómo evitarlo

Varias son las iniciativas que buscan revertir esta situación para conseguir un uso más eficiente de esos recursos como “Save Food”, dirigida por la FAO, que colabora con organismos internacionales, el sector privado y la sociedad civil para permitir que los sistemas alimentarios reduzcan la pérdida y el desperdicio de alimentos, tanto en los países en desarrollo como en el mundo industrializado, o los Bancos de Alimentos, en los que se recoge productos desechados pero en buenas condiciones y donados por empresas alimenticias para el consumo de las personas más desfavorecidas.

También la campaña de concienciación “La Alimentación no tiene desperdicio” -impulsada por la Asociación de Empresas de Gran Consumo (AECOC), que cuenta con el apoyo de más de 300 empresas fabricantes y distribuidoras del sector del gran consumo- en la que se engloba el estudio “Hábitos de aprovechamiento de los alimentos”, dado a conocer en estos días. El trabajo, realizado a través de un análisis cualitativo con dos grupos de estudio y un análisis cuantitativo mediante 2.000 entrevistas online en toda España a personas de entre 25 y 65 años y responsables de la compra y de la cocina en su hogar, busca impulsar buenas prácticas entre consumidores, fabricantes y empresas.

Resultados del estudio “Hábitos de aprovechamiento de los alimentos”

Algunos datos relevantes que se extraen de este estudio son que los consumidores son conscientes del problema que supone el desperdicio alimentario y un 87% se siente mal cuando se estropea un producto en la nevera, un 77% intenta reutilizar. No obstante, más del 50% de los consumidores declaran comprar más alimentos de los que esperaban y casi el 30% tiene la percepción de acabar siempre tirando comida. Y 7 de cada 10 del total de compradores muestra una actitud favorable a guardar las sobras para cocinar otros platos. Pero sólo el 14% de los encuestados pide siempre llevarse las sobras en el restaurante.

Por último, define 5 tipos de consumidor frente al desperdicio de alimentos según sus hábitos, donde los llamados “reaprovechadores”, personas cuya actitud ante el desperdicio es la de reaprovechar la comida) serían los más numerosos: 32% del total. De los que el 22% no tira nada y un 54% poco y un 69% elabora recetas creativas con las sobras. Los “price driven” (16%) son, junto a los reaprovechadores, los que menos alimentos tiran con un 22%; En la situación opuesta están los” foodwaste generators” (21%), los que más comida desechan. Cierran esta clasificación los “Busca caprichos”, y los “eco friendly” (el 16% y 15% de los encuestados respectivamente).

A la luz de todos estos datos está claro que aún queda mucho camino por recorrer en lo que al aprovechamiento de alimentos se refiere.