CLAVE propone a la industria del ocio una serie de medidas para mejorar el confort acústico

791

• Aconseja a los críticos gastronómicos incluir esta variable en las informaciones sobre restaurantes y aporta un modelo 

Madrid, 3 de diciembre de 2014. Vivimos rodeados de ruido, hasta el punto de que se ha convertido en una de las plagas de la modernidad. Los decibelios se asocian tradicionalmente a la diversión, pero cobra fuerza un nuevo concepto, el confort acústico, que destierra viejos tópicos. Se trata de sentirse bien y cómodo en el lugar donde se disfruta de un café o una comida en familia o con amigos. Sin embargo, en muchos establecimientos, este bienestar no resulta posible debido al exceso de ruido provocado por las máquinas, el trabajo e incluso por los propios clientes.

 

La Asociación «CLAVE, atención a la deficiencia auditiva» (www.oiresclave.org), entidad que trabaja contra el ruido, propone a los propietarios de locales del sector del ocio, la hostelería y la restauración una serie de medidas para mejorar el confort acústico del establecimiento y aumentar el bienestar de todas las personas. Aconseja además a los críticos gastronómicos y periodistas especializados que incorporen el confort acústico (ver documento adjunto) como una variable más en las valoraciones y críticas de restauración para bares, cafeterías y restaurantes. Los usuarios podrán así recibir más información sobre los locales.

 

Los orígenes de los ruidos molestos son variados. Para cada causa existe una solución, aunque como norma general sirve el acondicionamiento acústico de los espacios mediante la utilización de materiales específicos, como paneles absorbentes en techo, materiales porosos y tejidos en la decoración que reducen la reverberación y contribuyen a crear espacios acústicamente confortables. Aquellos ruidos que proceden del exterior y están motivados por su ubicación en una calle ruidosa con gran tránsito de vehículos y peatones o la proximidad a un hospital, estación de bomberos o aeropuerto se limitan con un aislamiento adecuado. En ocasiones, la contaminación acústica se evita con soluciones tan sencillas como dejar un espacio de separación entre la salida al exterior y la sala o el comedor, colocar doble puerta o cortinas en los ventanales o escaparates.

 

 

 

También se generan ruidos en el interior de los locales, como el impacto al colocar la vajilla y los utensilios de cocina, choques de puertas, arrastres de sillas y mesas o la hora de servir. Todo se arregla con una actuación responsable del personal que respete el bienestar de los clientes, con protectores en las patas de sillas y mesas y con materiales que absorban el impacto en las superficies de trincheros, cajones, estanterías y otros objetos.

 

Los aparatos de radio, música, televisión y máquinas diversas que funcionan a la vez generan tal volumen de ruido que dificulta la conversación y ocasiona que los clientes eleven el volumen de voz. Por ello hay que evitar el uso simultáneo de aparatos generadores de sonido o incluso separar los espacios y crear zonas libres de ruido. En entornos ruidosos, las personas tienden a alzar la voz, lo que provoca el llamado «efecto café» que invita a otros a hablar más alto. La solución pasa por una buena  separación entre las mesas. También desde la dirección del negocio se puede recomendar el no elevar la voz a los clientes más ruidosos.

 

Otro elemento que rompe la tranquilidad es el ruido procedente de las cocinas y de los cuartos de baño. Para paliar este defecto basta con adoptar medidas que amortigüen el ruido mediante medidas específicas que impidan el paso del ruido a los salones, como por ejemplo las puertas aislantes. La ubicación de estos espacios en el local juega un papel importante en el control acústico.

 

 

Carmen Abascal,

Directora de «CLAVE, atención a la deficiencia auditiva»