
En la actualidad, y según datos de la Alta Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de 2011, un total de 43.7 millones de personas malviven refugiadas en todo el mundo, el mayor número en 15 años. En el Día Mundial del Refugiado y dentro de la campaña de Medicusmundi y Farmamundi «Derecho a la salud en África», se quiere revisar y destacar las implicaciones en la salud que conllevan la movilización y las condiciones de vida de estas personas en los campos de refugiados.
A finales de 2010, había unos 146.000 refugiados en el sur de África, unos 193.000 solicitantes de asilo y unos 700 repatriados, también según fuentes de ACNUR. La mayoría de estos refugiados provenían del Cuerno de África y los Grandes Lagos y se han establecido en Malawi, Mozambique y Zimbabwe buscando avanzar hasta Sudáfrica. Este año, se prevé que el informe publique cifras aún superiores en el continente africano debido, en primer lugar, a la perennización y aumento de desplazamientos de refugiados anteriores, por la situación extrema de sequía y de hambre en zonas como el Cuerno de África. En segundo lugar, a la aparición de recientes movimientos, por las conflictividades del norte de África, el surgimiento de nuevos conflictos bélicos como el caso de Malí, etc.
Refugiados: las implicaciones en salud
La situación en los campos de refugiados es muy delicada: sólo hay que imaginar la combinación entre la falta de saneamiento y agua potable, la escasez de recursos alimenticios y unas pésimas infraestructuras como campamentos instalados para la ocasión y unos servicios sanitarios débiles, con recursos materiales escasos o inexistentes. Todo ello en poco espacio, con una densidad poblacional elevadísima, donde el estrés personal y las tensiones del conjunto pueden desencadenar a menudo situaciones de violencia.
Estas condiciones promueven también la extensión grave de enfermedades infecciosas que finalmente se convierten en la principal causa de muerte de las poblaciones refugiadas. Aunque en la actualidad existen vacunas para la mayoría de enfermedades infecciosas, las caóticas condiciones de atención sanitaria preventiva y la falta de acceso a las vacunas hace que estas enfermedades continúan infectando a las personas en proporciones epidémicas. Además, la mezcla y el hacinamiento de refugiados permite el desarrollo y la propagación de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos que hacen que muchas infecciones sean difíciles y costosas de tratar.
A nivel de salud pública, son preocupantes los brotes esporádicos de la fiebre amarilla, el cólera, el ébola, la fiebre de Lassa, la tuberculosis, la disentería, la diarrea, la hepatitis e incluso el sarampión. A estas enfermedades, se añade la malaria, que representa un grave problema para los refugiados, que se ven obligados a huir de zonas de baja malaria endémica a regiones con alta prevalencia.
Estas condiciones se ven agravadas en un incremento de la necesidad de servicios de salud a causa de las heridas de guerra y las minas terrestres, las mutilaciones y los embarazos no deseados resultado de violaciones.
Salud reproductiva y el VIH / SIDA
Las mujeres refugiadas frecuentemente conviven con la violencia sexual y la explotación, antes y/o durante la huida. Separadas de sus familias, se convierten en muy vulnerables al ataque sexual, lo que se traduce en embarazos no deseados y en altos índices de abortos inseguros autoinducidos.
Evidentemente, la violencia sexual eleva el contagio de enfermedades de transmisión sexual incluido el VIH/SIDA, dado que las mujeres refugiadas normalmente no tienen los elementos más básicos de atención de salud reproductiva. Como vemos, el VIH/SIDA, que ha alcanzado proporciones epidémicas en algunas partes de África central, se convierte en un problema aún mayor en un marco de inestabilidad social, pobreza y vulnerabilidad como son los campos de refugiados ya que se suele acelerar la propagación del virus por la actividad sexual, la mezcla de poblaciones, así como las transfusiones de sangre (muy necesarias por el mal estado nutricional sobre todo en mujeres y niños)
Conclusiones
La carga impuesta a las poblaciones africanas por la violencia política impide la subsistencia y provisiones de servicios de salud y mantiene el ciclo interminable de pobreza, miseria, enfermedad y muerte. Es necesario detener esta violencia y crear un clima de estabilidad política que acabe con el desplazamiento forzado en campos de refugiados y facilite, ya sea el asiento o el retorno voluntario, de las millones de personas refugiadas en la actualidad.
Mientras tanto, habría que encontrar soluciones para atender las necesidades de alimentos, el saneamiento y la salud de los refugiados, una tarea que a la vez necesita de ciertas reformas políticas y acuerdos de paz.
Organizaciones no gubernamentales, como Farmamundi y Medicusmundi, a menudo operan en ambientes de alto riesgo y han asumido un nuevo papel, insistiendo en la entrega de ayuda humanitaria, donde los gobiernos no estaban dispuestos a participar y así establecer el ritmo de las intervenciones oficiales posteriores. Sin embargo, los esfuerzos de las ONG necesitan un refuerzo de la comunidad local e internacional para poner fin a la problemática y encontrar una solución duradera que acabe con las precarias condiciones de vida de las poblaciones refugiadas.
Fuentes
http://www.guardian.co.uk/news/datablog/2011/jun/20/refugee-statistics-unhcr-data





















