NOLAND, el país de los más de 51 millones de personas refugiadas y desplazadas, de las cuales, 25 millones son mujeres y niñas

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· Las mujeres y su educación son las menos atendidas durante la guerra y las que más sufren

Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas y Desplazadas, celebrado el pasado día 20 de junio, Entreculturas puso el foco, por un lado, en la especial situación de vulnerabilidad de las mujeres y niñas refugiadas y desplazadas y, por otro, en Sudán del Sur, un país que tras el recrudecimiento de los enfrentamientos ha provocado que más de 1,3 millones de personas hayan huido de sus hogares.

Entreculturas-. 23 de junio de 2014. Desde el simbólico país de NOLAND (que acoge a los 51,2 millones de personas refugiadas y desplazadas que hay en el mundo) Entreculturas ha querido reivindicar una integración en condiciones de igualdad de todas las mujeres y niñas refugiadas y desplazadas en su derecho a una educación de calidad.

El pasado viernes, el Mercado de San Fernando en Madrid se vio envuelto en ritmos africanos. Agustín Alonso, Director de la Fundación Entreculturas, daba la bienvenida a los presentes en el lanzamiento de la campaña “Refugiadas”. Luca Fabris, del Departamento de África de Entreculturas, abría el acto diciendo que “Noland, quiere llamar la atención de la especial vulnerabilidad de 25 millones de mujeres y niñas refugiadas”.Noland, nos lo recordaba con post-its rosas y amarillos que formaban la palabra “refugiadas” y en los que había escritos mensajes como “25 millones de razones” o “No te olvides”.

Sudán del Sur es uno de los principales países generadores de refugiados y desplazados internos en el continente africano. A mediados de diciembre del pasado año, los enfrentamientos armados y la violencia extrema provocaron que más de 1,3 millones de personas se vieran obligadas a abandonar sus hogares.

Entreculturas, de la mano del Servicio Jesuita a Refugiado, ha adquirido un fuerte compromiso con la educación de las mujeres y niñas refugiadas y desplazadas de Sudán del Sur, un derechoque considera fundamental para garantizar una vida digna para ellas y un “espacio de protección, de rehabilitación y de empoderamiento” afirmaba Luca Fabris.

En su testimonio, Elisabeth Waraga relató cómo ha presenciado tres décadas de guerra en Sudán del Sur. Cuando tenía ocho años fue refugiada en República Centroafricana durante 9 años marcados por la hambruna y la lucha constante por la supervivencia. Durante este tiempo, se dio cuenta de cuán importante era la educación de las mujeres y las niñas. Afirma que “Educar a una mujer, es educar a una nación, ya que son ellas las que se encargan a su vez de la educación de sus hijos, de sus comunidades. Si hay esperanza para la paz en Sudán del Sur, esta paz pasa por la apuesta por la educación de las personas refugiadas y desplazadas, supone ayudar a que se construyan a sí mismos, a que construyan de nuevo sus comunidades”.

A la dureza inherente de ser una desplazada o una refugiada, se une la discriminación de género y la amenaza de sufrir abusos sexuales o maltrato físico o psicológico. Lo contaba Nicole Ndongala, refugiada congolesa actualmente residente en España. Ella huyó de la República Democrática del Congo en 1998, por miedo a sufrir violencia sexual por ser mujer. “Cuando hay guerra la violación contra las mujeres es el mecanismo más eficaz para desestabilizar un país”. Llegó a España en 1998, tras salir de su país con un pasaporte falso “cuando tienes que huir, no puedes esperar por un visado”. Una vez en España, tras varios procedimientos administrativos y el apoyo de la Organización Karibu, consiguió protección internacional.

Cristina Manzanedo, experta en migraciones y portavoz de Entreculturas y Pueblos Unidos cerraba el turno de ponencias recordando que “aquellos que huyen lo hacen por factores estructurales o por decisiones personales”y, cuando llegan a Europa, se encuentran con actitudes de “rechazo, de sospecha, de xenofobia”. Cristina apelaba a que desde las políticas públicas y desde la sociedad estas actitudes cambien, “frente a la hostilidad, fomentar la hospitalidad, frente al rechazo, fomentar la acogida, hay tratados internacionales que nos obligaban a ello”.

Luca Fabris cerraba este acto marcado por las ponencias de tres mujeres que representaban tres piezas de un mismo recorrido, “País en conflicto- huida del país- país de acogida”. Entreculturas trabaja en los tramos de este recorrido, con el fin de que la sociedad y los Gobiernos no se olviden de esta realidad. Cuando la guerra, los conflictos armados o los desastres naturales han destruido todos los cimientos de la educación, hay que apostar por regenerar cuanto antes el ejercicio de este derecho pues ayuda a las personas a reducir su vulnerabilidad y a reconstruir sus vidas.