
Artículo escrito por los farmacéuticos Chelo Díez y Manuel Díaz
El SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) sigue siendo uno de los desafíos más serios para la salud mundial, por ello, en Farmamundi vemos de forma positiva el avance y los logros conseguidos en los últimos años, así como el esfuerzo internacional. Es momento de cumplir compromisos reforzando los programas de prevención y tratamiento asequibles, priorizando la actuación en la población más vulnerable, sobre todo de África subsahariana, región más gravemente afectada, donde 1 de cada 20 adultos está infectado. El desafío es grande y urgente, puesto que se calcula que 34 millones de personas conviven con el virus y el 90% de las muertes se produce en los países pobres.
Desde que se descubriera el virus en 1983, más de 60 millones de personas se han infectado con el VIH y casi 30 millones han fallecido por causas relacionadas. Enseguida, la enfermedad desató un fenómeno trágico e incontrolable y en poco tiempo la epidemia se convirtió en pandemia extendiéndose sin dejar ningún país a salvo.
Aún no se ha encontrado una cura para la enfermedad, ni una vacuna que la evite pero las terapias están funcionando muy bien, mejorando la calidad de vida del enfermo y evitando en muchos casos el fallecimiento. Existe un arsenal de distintos antirretrovirales que ayudan a mejorar la efectividad de los tratamientos aunque siguen preocupando los efectos secundarios y las resistencias.
Si las madres seropositivas siguen un tratamiento durante el embarazo la infección vertical de madre a hijo se puede evitar en un alto porcentaje. Si existen los medios, estos deben ponerse al alcance de todos, por derecho y por justicia.
Perspectivas de futuro para millones de personas:
En FARMAMUNDI nos preocupa que la situación de crisis económica global haga que los países del Norte tomen decisiones equivocadas y se baje la guardia respecto a esta enfermedad que es un problema mundial y como tal se debe tratar sin demora ni limitaciones. La disminución en la calidad asistencial, seguimiento farmacológico y prevención, haría peligrar el control de la enfermedad.
Según el último informe de NNUU, la erradicación del SIDA es posible, los datos de la última década son positivos, disminuyendo las infecciones y muertes pero, al ritmo actual, reducir esta epidemia a límites tolerables necesitará otros 40 ó 50 años.
La eficacia y efectividad de un sistema sanitario nunca se debe valorar solo en términos económicos. La prevención, diagnóstico precoz, acceso a tratamiento y cobertura social deben ser sus pilares.
Se debe continuar con programas integrales, paso a paso y llegando a todos los lugares, de lo contrario, lo avanzado no servirá de nada. Se debe potenciar la investigación para una vacuna que sigue siendo una esperanza, y posibilitar el acceso real a los tratamientos para todas las personas que lo necesiten.
La investigación para conseguir fármacos más efectivos es fundamental, pero ello debe ir acompañado de programas que favorezcan el acceso geográfico y económico a esos tratamientos, y a medidas de prevención.
La prevención y el acceso a tratamientos, claves para la erradicación
Las actuales reglas comerciales que protegen mediante patente un nuevo medicamento durante 20 años para que el inventor recupere la inversión, impiden que se desarrollen genéricos asequibles y los tratamientos son inalcanzables para gran parte de la población que los necesita.
Las posibilidades de sortear la patente de forma legal (licencias obligatorias o importaciones paralelas) apenas se ponen en práctica debido al escaso peso de los países del Sur en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y a la presión de los estados y las multinacionales farmacéuticas sobre ellos.
Todo ello ha generado conflictos comerciales internacionales con países que no han podido soportar la gravedad de la enfermedad y la imposibilidad de tratar a sus enfermos por motivos económicos. Sudáfrica o Brasil son algunos ejemplos.
A finales del 2011, 8 millones de personas disponían de tratamiento y la ONU planteó la meta de aumentar a 15 millones de personas tratadas en el 2015. Esos compromisos deben plasmarse en programas concretos y recursos suficientes para ponerlos en práctica.
Mientras en muchos países la enfermedad llega a ser crónica y los infectados disponen de su tratamiento, en muchas regiones del planeta, las políticas de prevención no son suficientes y la mayoría de la población infectada no tiene acceso al tratamiento. El 90% de las muertes provocadas por el virus del SIDA se producen en los países pobres.
En Farmamundi defendemos:
Que los sistemas de salud y el acceso a los medicamentos deben ser regulados y controlados por los gobiernos y leyes internacionales. No puede dejarse en manos privadas la solución de los problemas de salud de la sociedad, la industria farmacéutica es una actividad con ánimo de lucro y el beneficio económico prevalecerá frente a las vidas humanas y al derecho a la Salud de las personas.
La innovación en salud no puede ser regulada como cualquier producto, si el descubrimiento es una necesidad básica en salud, debe ser accesible de forma inmediata y para todas las personas. Para los tratamientos contra el SIDA es una urgencia.





















