Crisis alimentaria en Sahel: un millón de niños corren peligro de morir de hambre en primavera

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Esta es, otra vez, una crisis anunciada. Los sistemas de alerta que siguen el registro pluviométrico, el estado de las cosechas la biomasa disponible para pastos y los precios de los alimentos en los mercados locales, entre otros, no se equivocan: este año el hunger gap (periodo entre dos cosechas) que habitualmente se produce en la región entre julio y octubre va a adelantarse a marzo. Esto quiere decir que entre cinco y siete millones de familias habrán agotado sus reservas de alimentos y sus mecanismos de supervivencia antes de la próxima cosecha, en octubre. “Aunque la cosecha de 2011 no ha sido catastrófica, después de la sequía de 2005 no ha habido dos años seguidos de cosechas óptimas, con lo que muchos de los hogares más vulnerables están todavía extremadamente debilitados por la situación de hace seis años y no tienen posibilidades de afrontar el menor choque”, explica desde Dakar PatriciaHoorelbeke, representante de Acción contra el Hambre en África Occidental.

Niños menores de cinco años y embarazadas, los más vulnerables

Esta crisis, que ya está afectando a más de diez millones de personas, afectará especialmente a los niños menores de cinco años, las madres embarazadas y las madres en periodo de lactancia. Su situación nutricional, ya extremadamente degradada en la región, corre el riesgo de empeorar en los próximos meses si no se actúa a tiempo. Muchas personas han reducido ya el número de comidas diarias.

Cosechas, mercados, remesas y una agricultura familiar de subsistencia, en la base del problema

Los países de Sahel están entre los más pobres del mundo y a la cola del índice de desarrollo humano. Todos los años se produce un periodo crítico, conocido como hunger gap, entre julio y octubre, cuando se han agotado las reservas de la primera cosecha y aún no se ha recogido la segunda. Este año, el hunger gapempezará mucho antes, en marzo.

¿Por qué? “No es solo el déficit de lluvias, cultivos y pastos. La imposibilidad de los agricultores de subsistencia de almacenar sus productos les obliga a venderlos a precios irrisorios tras la cosecha y a tener que comprarlos meses después pagando hasta cuatro veces más. A esto se unen factores comerciales de exportación y reexportación marcadas por el cambio de divisas, como es el caso de los cereales comprados a Níger por Nigeria y luego reexportados. Además este año, unos 200.000 emigrantes en Libia y Costa de Marfil han dejado de enviar remesas y han tenido que volver a sus hogares. A esto hay que añadir los recientes episodios de violencia en Nigeria y el cierre de fronteras”, explica Rafael de Prado, responsable geográfico de Acción contra el Hambre para África.

Actuar ya ahorrará víctimas… y dinero

Las diferencias con Cuerno de África son todavía grandes: no se trata de una hambruna y las bolsas de desnutrición están mucho menos dispersas en la región de Sahel, pero no podemos perder tiempo. Las intervenciones que den a los afectados capacidad para acceder al mercado, como las transferencias monetarias o los programas de dinero por trabajo, o la distribución de raciones de protección a familias con niños con desnutrición aguda, pueden reducir enormemente el alcance de la crisis. “Es inaceptable saber lo que va a pasar y esperar hasta que se declare la emergencia o esto salga en los medios para actuar. Actuar ahora no solo va a salvar muchas más vidas, va a costar también mucho menos dinero que un despliegue de emergencia”, asegura el Director General de Acción contra el Hambre, Olivier Longué.

Acción contra el Hambre ha reforzado a todos sus equipos en la región, está alertando a instituciones nacionales y donantes, y ha puesto en marcha ya una intervención de prevención en cinco países, con el apoyo del Servicio de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO).        

Acción contra el Hambre es una organización humanitaria internacional e independiente que combate la desnutrición infantil a la vez que garantiza agua y medios de vida seguros a las poblaciones más vulnerables. Intervenimos en más de 40 países apoyando a cinco millones de personas. Nuestra visión es un mundo sin desnutrición; nuestro primer objetivo, devolver la dignidad a quienes hoy viven amenazados por el hambre.