Hacia una educación por la tolerancia

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Imagínense que algún día los gobernantes y partidos políticos españoles, con el apoyo de las instituciones educativas y la sociedad civil, llegasen a adoptar un Acuerdo educativo sobre la tolerancia, por el que este valor social pasase a estar contemplado explícitamente como parte integrante de la educación escolar de todos los ciudadanos.

Lo anterior no es el sueño de una noche de verano en este mes de agosto, sino que en la práctica resultaría bastante sencillo y únicamente haría falta una mínima voluntad política, y sin ningún coste reputacional para los partidos -más bien todo lo contrario-, ni coste económico alguno para el erario público.

La tolerancia, ese importante valor humano y social, sigue siendo la gran asignatura pendiente de la sociedad, no sólo la española, sino de la mayor parte de los países del mundo, y es tan necesario como urgente que los gobernantes y responsables educativos de la comunidad internacional hagan algo por impulsarla y lograr que forme parte explícita de la educación de cualquier habitante de este planeta.

La tolerancia, como “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás, cuando son diferentes o contrarias a las propias”, tal como la define la RAE, debería estar así expresamente contemplada en los contenidos educativos oficiales de los niños y jóvenes de este país, con el fin de que llegase a ser un valor naturalmente asumido por cualquier ciudadano, antes de ser adulto. Ello ayudaría, además, a que los ciudadanos pudieran igualmente propiciar esa educación por la tolerancia en el seno de las familias, tan importantes como las escuelas para el acervo educacional de cualquier persona.

Hay numerosas variantes o posibles contenidos educativos sobre la tolerancia, que podrían tener un mayor o menor grado de detalle según los eventuales niveles de enseñanza. Vamos a mencionar algunos de ellos:

a) Tolerancia religiosa.Dada la extrema intolerancia y el clima de enfrentamiento existente por razones de creencias religiosas en muchas partes del mundo, la promoción de este tipo de tolerancia en los planes educativos sería un avance significativo de cara a propiciar una mentalidad positiva y proclive a la comprensión, el respeto y el diálogo sobre esta materia en los estudiantes de cualquier país. Sería necesario en este sentido que se buscasen aquellos principios básicos, objetivos éticos y prácticas que son comunes y compartidos por las distintas creencias y confesiones religiosas, ya que los hay, y que se incorporasen como un paradigma o referente interreligioso y cívico a incluir en las enseñanzas de las escuelas, lo que podría contribuir a un mayor entendimiento y tolerancia en esta delicada materia.

b) Tolerancia racial. Hay muchas conductas y radicalismos que corregir a nivel mundial, incluso en los países más desarrollados -incluida España-, en relación a la discriminación social, económica e institucional por razones puramente raciales. Resultarían muy necesarias unas enseñanzas dirigidas expresamente a saber tolerar y a respetar la diversidad racial, y a la consideración igualitaria de todas las razas como variantes propias de la pluralidad natural y riqueza etnológica existente en los 7.200 millones de miembros de esta familia humana que convivimos en la Aldea Global.

c) Tolerancia política. También resulta necesario que los ciudadanos desde la infancia deban comprender que existen muy diversas opciones y formas de entender el gobierno de la sociedad y las instituciones públicas, y todas ellas igualmente respetables en tanto sean acordes con los derechos humanos y con el marco jurídico vigente (siempre que éste se derive de la voluntad expresada por los ciudadanos, lo cual lamentablemente no ocurre en un buen número de países).

d) Tolerancia a la diversidad sexual. La educación en el respeto a la diversidad sexual, a que cada ser humano pueda sentir y actuar libremente, sin persecución social o penal, y de forma acorde con sus sentimientos y voluntad personal, sería muy importante para que los ciudadanos puedan así declararse homosexuales, por ejemplo, y actuar libremente y sin sanciones por ello en la sociedad. En numerosos países sigue estando penalizada la homosexualidad, en algunos incluso con la pena de muerte, mientras que en una veintena de países está plenamente permitida y asumida socialmente, e incluso contemplado legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo (entre ellos España y recientemente Estados Unidos).

Hay otras muchas proyecciones de la tolerancia que habría que impulsar social y educativamente en la generalidad de los países, y ello va unido a la imperiosa necesidad de fomentar el respeto por la identidad y la diversidad individual y desde luego por el diálogo social a todos los niveles. En el ámbito internacional, organismos como la ONU, y especialmente la UNESCO, tienen un muy importante rol que desempeñar en esta materia.

En todo caso, no estaría mal que en nuestro país se pudiera ir avanzando en esta educación por la tolerancia, mediante una acción de los partidos políticos y gobernantes, que son los que tienen el poder legal para hacer las modificaciones necesarias (mínimas en todo caso) en las pautas educativas oficiales. Ojalá unos y otros opten por asumir este importante reto social de generalizar educativamente la tolerancia como un valor común y natural, ya desde la infancia, de los ciudadanos de este país.