Un estudio publicado este mes en la revista Science sobre un reciente ensayo de una vacuna para la malaria ha renovado el optimismo acerca de una solución para una enfermedad que ha azotado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Scott Filler, especialista sénior en malaria del Fondo Mundial, sostiene que los resultados del ensayo son alentadores porque la vacuna, desarrollada por la empresa de biotecnología Sanaria, consiguió una tasa de éxito del 100% en las primeras pruebas realizadas. Aun así, Filler advierte que todavía no puede darse la batalla por ganada. En realidad, añadió, erradicar la malaria requerirá el compromiso continuo de todos los asociados. “Este hallazgo es esperanzador porque demuestra que la comunidad científica sigue avanzando”, afirma Filler, natural de San Francisco que contrajo la enfermedad cuando estudiaba en Kenya. “Pero la malaria es una tarea a largo plazo. La comunidad médica a menudo dice que para erradicar la malaria se necesita un avance histórico, algo que aún está por llegar”.
En el ensayo clínico efectuado, los voluntarios que recibieron la dosis más elevada de la vacuna de Sanaria no contrajeron la malaria al ser picados por mosquitos infectados con el letal protozoo Plasmodium falciparum, una de las cinco especies que adopta el parásito de la malaria que afecta a los humanos. Sin embargo, de momento la vacuna solo puede ser administrada en varias dosis y por vía intravenosa, limitaciones que dificultan su aplicación práctica a numerosas personas en muchos países. “La malaria está muy arraigada en las comunidades”, afirma Filler. “Los parásitos presentes en los mosquitos y el ser humano han evolucionado juntos y va a ser muy difícil interrumpir ese ciclo”. La malaria lleva afectando al hombre más tiempo del que pueda recordarse: sus síntomas aparecen descritos en textos médicos chinos que datan del año 2700 a. C. El término “malaria” empleado en inglés se deriva del italiano medieval “mal aria” (mal aire). En francés y español se utiliza paludisme y paludismo (junto con malaria), términos procedentes del latín palus (pantano). Hace más de 100 años quedó demostrado que la malaria es transmitida a los humanos por los mosquitos. Hoy en día, esta enfermedad evitable y tratable mata a 600.000 personas al año, la mayoría niños menores de cinco años, y sólo en África supone un costo de US$ 12.000 millones en pérdida de productividad. La malaria es endémica en 104 países y sólo seis de ellos representan un 47% de casos: la República Democrática del Congo, Côte d’Ivoire, Mozambique, Nigeria, Tanzania y Uganda.
“La malaria es la enfermedad de la pobreza”, declara Filler. “Mantiene a las personas sumidas en la pobreza y no permite el desarrollo. Además, es una enfermedad compleja, con características singulares que la hacen muy difícil de combatir”. Cuando un mosquito portador pica a una persona, introduce una pequeña cantidad de parásitos de la malaria en el cuerpo que llegan hasta el hígado donde se ocultan y se reproducen rápidamente hasta afectar a los glóbulos rojos. El parásito regresa al mosquito cuando éste pica a una persona infectada. En la última década se ha conseguido un enorme progreso en la lucha contra la malaria, impulsado especialmente por los logros científicos, que se ha traducido en un descenso en las tasas de morbilidad y mortalidad. Una mejor ejecución en los programas financiados por el Fondo Mundial ha propiciado la distribución de más de 310 millones de mosquiteros tratados con insecticida de larga duración, un mayor acceso a pruebas de diagnóstico rápido y el tratamiento combinado basado en la artemisinina. Mosquirix, otra vacuna contra la malaria desarrollada por GlaxoSmithKline, también ha obtenido resultados esperanzadores en los ensayos realizados y podría ser comercializada a finales de 2015. Sin embargo, estos logros conseguidos con gran esfuerzo podrían perder terreno. Siempre es posible que se produzca un rebrote de la enfermedad, especialmente si el financiamiento es insuficiente y se obstaculizan las iniciativas por controlar la enfermedad. Y si añadimos pobreza e inestabilidad política, las dificultades no hacen sino aumentar.
Otro reto importante es la aparición de resistencia a las terapias combinadas con artemisinina en el sureste asiático donde el Fondo Mundial está financiando una Iniciativa sobre la Resistencia a la Artemisinina en el Mekong. Filler considera que en los próximos años podemos asistir a la consecución de avances significativos en la lucha contra la malaria, y hace hincapié en la necesidad de atacar la enfermedad desde diversos ángulos. “Estamos en un momento apasionante. Necesitamos seguir avanzando. Para conseguir el objetivo final, hemos de trabajar en diversos frentes. Para derrotar a la malaria no hay ninguna fórmula mágica”.
























