Médicos Sin Fronteras alerta en un nuevo informe de la crisis humanitaria que afecta a las personas forzadas a huir de Honduras, Guatemala y El Salvador.

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Varios hombres almuerzan durante su estancia en el refugio de migrantes de Tenosique. Cada vez más personas se embarcan en rutas menos conocidas y expuestas a más violencia, por miedo a que oficiales mexicanos de migración (conocidos como "La Migra") les persigan. © Marta SOSZYNSKA / MSF

México: no hay ruta segura para quienes escapan de la violencia en el triángulo norte de Centroamérica

Los centroamericanos que se ven obligados a huir de la violencia extrema en Honduras, Guatemala y El Salvador están siendo doblemente victimizados a lo largo de la ruta migratoria hacia México y Estados Unidos, según un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) hecho público la pasada semana. Estas personas, que carecen de acceso a atención médica durante su tránsito, se ven forzadas a bregar con más violencia durante la ruta migratoria y a padecer unas agresivas políticas de deportación que ignoran sus necesidades de asistencia y protección.

“La implacable violencia y el sufrimiento emocional padecido por estas personas son similares a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, afirma Bertrand Rossier, coordinador general de MSF en México.

“Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por actores armados no estatales, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas procedentes de región de Centroamérica están sufriendo”.

El informe ‘Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada’, recopila datos médicos, información procedente de encuestas a pacientes y testimonios recogidos por los equipos de MSF durante los dos años que lleva ofreciendo atención médica directa en esta zona. El informe ilustra los niveles extremos de violencia que afectan a las personas que huyen de esta región centroamericana y la necesidad de proporcionar mayor protección para migrantes y refugiados.

De las 467 personas entrevistadas por MSF, un 39,2% mencionó los ataques directos o amenazas (a ellos o a sus familias), así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales como las principales razones para abandonar su país. Además, un 68,3% aseguró haber sufrido violencia durante el tránsito hacia Estados Unidos. En total, 9 de cada 10 migrantes y refugiados atendidos por los equipos de salud mental de MSF en 2015 y 2016 sufrieron un episodio de violencia en sus países o durante la ruta migratoria a través de México hacia Estados Unidos.

El informe de MSF muestra también que el acceso a atención sanitaria, al tratamiento de la violencia sexual y a servicios de salud mental durante el camino es limitado e incluso inexistente durante la ruta.

“Es la cuarta vez que trato de cruzar México, pero esto no había pasado antes”, asegura una mujer de 35 años procedente de Honduras. “Esta vez vine con mi vecino, y fuimos capturados por un grupo de delincuentes. Lo peor es que ellos también eran de Honduras. La Policía Federal era su cómplice y nos entregaron a los miembros de esta banda. A mí me violaron. Me pusieron un cuchillo en el cuello, así que no me resistí. Estoy avergonzada de decir esto, pero hubiera sido mejor que me hubieran matado”.

A pesar de tener que padecer algunas de las peores formas de violencia que hay en el mundo hoy, los migrantes y refugiados de la región del Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) siguen siendo tratados, en su mayoría, como migrantes económicos por países de refugio como México o Estados Unidos. Las personas obligadas a huir del TNCA no tienen apenas acceso al estatuto de asilo en estos países a pesar de sus necesidades y de la existencia de un marco legal para ello.

“Ciertamente hay personas que salen de estos países en busca de oportunidades económicas, pero la fotografía que emerge de nuestro informe es aterradora: personas vulnerables luchando por su vida y la de sus familias”, expone Bertrand Roissier.

“Los intentos de detener la migración reforzando las fronteras nacionales e incrementando las detenciones y las deportaciones –como hemos visto en México y en Estados Unidos–, ignoran una crisis humanitaria real y no frenan el contrabando y el tráfico. Estas estrategias tienen unas consecuencias terribles en la vida y la salud de las personas en tránsito”, añade el coordinador general de MSF en México.

En este sentido, MSF hace un llamamiento a los Gobiernos de la región –en especial a los de El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Canadá y Estados Unidos– para que garanticen alternativas a las detenciones y se adhieran a los principios de no expulsión. Estos países deberían incrementar sus cuotas formales de reasentamiento y reunificación familiar, de modo que las personas procedentes del TNCA que requieran protección internacional –incluido el asilo, visado humanitario y protección temporal– puedan dejar de poner en riesgo su salud y su vida.

“Los aprietos por los que pasan las personas en tránsito desde el TNCA ponen de relieve el fracaso de los Gobiernos a la hora de proveer asistencia y protección a migrantes y a refugiados”, asevera Rossier. “Jugar con el miedo de la opinión pública y tratar a estas personas tan solo como un asunto económico o de seguridad es ser corto de miras. Estamos ante una crisis humanitaria ante la que resulta ineludible la puesta en marcha de una acción, coordinada y urgente, que garantice que las personas en tránsito quedan a salvo de la violencia y la persecución y son recibidas con protección internacional en lugar de con más violencia. Y que, sobre todo, sean tratadas con dignidad y humanidad”.

Desde 2012, MSF ha estado brindando atención médica y salud mental en México a migrantes y refugiados de Honduras, Guatemala y El Salvador. MSF ha adaptado su estrategia de intervención a medida que la crisis ha avanzado y cambiado: desde el trabajo realizado en refugios de migrantes y en clínicas móviles a lo largo de las líneas ferroviarias, al llevado a cabo en varias localizaciones en la ruta de migrantes y en un centro para víctimas de violencia extrema en la Ciudad de México. Este centro abrió en 2016 como la última estrategia para responder a las necesidades médicas y humanitarias de las personas en tránsito.