Declaración de Henrietta H. Fore, directora ejecutiva de UNICEF, tras visitar las zonas asoladas por el conflicto en Sudán del Sur

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©UNICEF / Karen Prinsloo

“Cuatro años de un conflicto provocado por el hombre han dejado a los niños enfermos, hambrientos y al borde de la muerte”

“Acabo de pasar dos días en Sudán del Sur, donde he visto de primera mano cómo los cuatro años de un conflicto provocado por el hombre han dejado a los niños enfermos, hambrientos y al borde de la muerte.

El impacto de la violencia ha sido devastador. He tenido la oportunidad de conocer a una madre que tuvo que caminar durante días para que su bebé desnutrido recibiese tratamiento. He hablado con un chico que, con sólo diez años, se vio obligado a unirse a un grupo armado. También he conocido a dos hermanos que fueron separados de sus padres cuando estalló el conflicto en su ciudad, Bentiu, en el año 2014.

Pero, aún en medio del horror, he visto signos de esperanza. La niña que padece desnutrición va recuperándose poco a poco. El niño reclutado a la fuerza regresó al colegio y ahora aspira a ser médico. En cuanto a los dos hermanos, han conseguido reencontrarse con su madre por primera vez en cuatro años.

UNICEF y otras agencias humanitarias están trabajando sobre el terreno en condiciones muy arriesgadas para cubrir las necesidades básicas de niños y jóvenes. Sudán del Sur es el lugar más peligroso del mundo para los trabajadores humanitarios: 28 de ellos fueron asesinados el año pasado. No obstante, seguimos ayudando a millones de niños que nos necesitan. El año pasado, junto a nuestros aliados, vacunamos a casi 1,8 millones de niños contra el sarampión, tratamos a más de 180.000 niños contra la desnutrición aguda grave y facilitamos a 300.000 niños el acceso a educación.

Pero incluso todo eso está muy lejos de ser suficiente. No hay signos de que los combates vayan a terminar y las necesidades humanitarias son enormes: 2,4 millones de niños se han visto obligados a huir de sus hogares, más de 250.000 están gravemente desnutridos y en riesgo inminente de muerte, más de 19.000 niños han sido reclutados y al menos una de cada tres escuelas ha resultado dañada, destruida, ocupada o cerrada. Además, hemos documentado más de 1.200 casos de violencia sexual contra niños.

Las cifras no hacen más que empeorar. Juntas, equivalen a una generación entera de jóvenes a los que se les niegan las oportunidades que tan desesperadamente necesitan para contribuir a la construcción de su sociedad.

Según se acerque la temporada de sequía, esas necesidades y amenazas se acenturán. Ya estamos viendo cómo asciende el número de niños y familias que buscan ayuda en los campamentos de desplazados y nos preocupa que nuestros fondos no crezcan a un ritmo que nos permita dar respuesta.

Solo el cese de las hostilidades puede devolver esperanza y seguridad a los niños y jóvenes de Sudán del Sur. Hasta entonces, necesitamos que las partes en el conflicto nos permitan el acceso incondicional y sostenible en el tiempo, así como más recursos por parte de los donantes. Sin estos, las vidas y el futuro de millones de niños en Sudán del Sur seguirán estando en la cuerda floja “.