En Estados Unidos, centenares de personas con enfermedades mentales graves están a merced de un sistema de salud demasiado lento para prestar ayuda y de un sistema de justicia demasiado rápido a la hora de dictar sentencias de muerte, manifestó ayer Amnistía Internacional, con motivo de la presentación de un importante informe sobre el uso de la pena de muerte contra personas con enfermedades mentales en Estados Unidos.
En el informe se tratan los problemas que se les plantean a las personas con enfermedad mental debido a los fallos del sistema y se exponen los casos de un centenar de ellas que han sido ejecutadas desde 1977 -dando cuenta de una de cada diez ejecuciones durante este periodo-.
Citando los persistentes fallos de los sistemas de salud y justicia penal, el informe pone también de relieve la terrible situación de las personas con enfermedad mental que se encuentran actualmente condenadas a muerte, que, según la Asociación Nacional de Salud Mental estadounidense, representan entre el 5 y el 10 por ciento de la población reclusa condenada a muerte (alrededor de 3.400 personas) de Estados Unidos.
«La ejecución de personas que sufren graves enfermedades mentales es una práctica cruel e inhumana, que lleva demasiado tiempo pasándose por alto -ha manifestado Susan Lee, directora del Programa Regional para América de Amnistía Internacional-. Los prejuicios y la ignorancia generan miedo, por lo que, para muchas personas, es más fácil condenar a muerte a una persona enferma mental que haya cometido un delito, que recurrir a un tratamiento para buscar una verdadera solución.»
























