Greenpeace continúa su expedición marítima iniciando una nueva campaña para detener la pesca pirata

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Después de pasar 70 días en alta mar haciendo frente a la flota ballenera en el Océano Austral, el barco de Greenpeace MY Esperanza se prepara para zarpar otra vez, esta vez para llamar la atención del mundo sobre la plaga que supone la pesca pirata. Cada día, en todos los océanos del Planeta, la pesca pirata roba el pescado de los pescadores legítimos a la vez que deja una huella de destrucción ambiental a su paso.
Greenpeace y la Fundación para la Justicia Medioambiental están trabajando juntas para sacar a la luz a las flotas pesqueras piratas que operan sin ser sancionadas en todo el mundo. Organizaciones internacionales ecologistas y de derechos humanos están demandando a los Gobiernos que cierren sus puertos a estos buques piratas, que les nieguen el acceso a sus mercados y que persigan a las compañías que los apoyan.
A nivel global, el valor de la pesca pirata ha sido estimado entre 4.000 y 9.000 millones de dólares cada año, un 20% del valor de la captura mundial de pescado. En aguas antárticas, hasta un 50% del bacalao de profundidad capturado en esta región proviene de actividades ilegales. Casi en el otro extremo, en el Mar Báltico, se estima que el 40% del bacalao capturado en 2002/2003 fue pescado ilegalmente.
En el Océano Atlántico, los buques piratas se benefician del lucrativo mercado del atún, capturando miles de toneladas de pescado sin cumplir las normativas y reglamentos. El pescado es entonces transferido a buques de transporte refrigerados, conocidos como reefers, que «blanquean» el pescado.